viernes, 24 de febrero de 2017

        SOBRE EL “MEMBRILLO DE ORO”…

El pasado 7 de marzo se presentó una nueva edición del Membrillo de Oro, un evento asentado definitivamente en el circuito de los concursos flamencos de nuestro país. Consideramos todo un acierto que el Ayuntamiento de Puente Genil continúe apostando por él; es una manera estupenda de dotar a nuestro pueblo de enjundia flamenca y ambiente jondo en estos meses previos al verano. Este año, en contra de lo que ha venido sucediendo en estas últimas cuatro ediciones, un servidor dejará de colaborar en el mismo. El Equipo de Gobierno del Ayuntamiento ha considerado, en el ámbito de sus competencias, oportuno, impregnar con -según me dijeron- “otro aire al concurso”. Decisión, como no podía ser de otra manera, muy respetable; el gestor político tiene el derecho, y deber, de cambiar y mejorar aquellos proyectos que considere oportuno. Entra en el sueldo que le pagamos entre todos. Lo que no comparto ni, por supuesto, respeto, son las formas a las que han recurrido para comunicarme dicha decisión. A ver si me explico bien; que esta perorata no parezca una rabieta producto del ego o similar.
Honestamente, siento que, después de seis años -los dos primeros de asesor de flamenco (y ya sabéis, mis fieles lectores, cómo acabé…)- trabajando, ALTRUISTAMENTE, codo con codo, con el concejal de turno, me he ganado el derecho, cuanto menos, a otras formas y maneras, no a una simple, hueca y escueta llamada telefónica a última hora, carente de cualquier atisbo de respeto y consideración. A mi entender, se debe mostrar, aunque solo sea por cortesía, un poquito de decoro y elegancia con aquellas personas que, insisto de manera desinteresada, colaboran con las instituciones locales con el único objetivo de servir a su pueblo.  Este malestar lo he manifestado en las redes sociales, y soy consciente de que ya jamás, por lo menos mientras gobierne el actual Equipo de Gobierno -es bien conocida la consigna política de que “el que se mueva, no sale en la foto”-, me llamarán pa na, ingresando en el honroso grupo de los Proscritus Sine Die, mas me importa un pimiento. No estoy en el Flamenco, gracias a Dios, para hacer ninguna carrera, ganarme las habichuelas, abrazar farolas o mendigar favores, llamando desesperadamente a las peñas, llorando a los ínclitos representantes o haciendo la rosca a los políticos. Continuaré, que no quepa la menor duda, disfrutando y trabajando por el Flamenco de mi pueblo desde distintos foros (prensa local en sus diversas vertientes, redes sociales, Onda Cero, mi blog, mi colegio, mi peña Frasquito, Escuela de Saetas…), como siempre: sin estar al abrigo de la clase política, ni rendir vasallaje a nadie, con el único límite de mi conciencia.  Seguramente, de hecho ya lo están celebrando, mi BOLSILLO, mujer e hijos agradecerán esta nueva situación. ¿Aceptaría, en un futuro, una propuesta de colaboración flamenca del Ayuntamiento de mi pueblo? Que nadie lo dude, mas con la mano por delante para que se valore el trabajo. Se acabó el ser el único en el Puente Genil Flamenco que no pasa por taquilla al trabajar para el Excelentísimo.
                                                                                             





                                                                                 SALUDOS FLAMENCOS

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