lunes, 27 de febrero de 2017


(Como son días moviditos, estoy haciendo un poco de memoria. Os dejo lo que un servidor escribía en la revista "El Pontón" sobre nuestro festival de cante de hace unos años. Una edición en la que colaboré como Asesor Flamenco del Ayuntamiento. "Cargo" que no me impidió decir lo que me vino en gana).
XLV FESTIVAL DE CANTE GRANDE “FOSFORITO”

“Desconozco la identidad de la empresa de la megafonía y del responsable directo de su contratación, pero el mundo del  Flamenco, los cerca del millar de aficionados que religiosamente pagamos la entrada merecemos una explicación de tan tamaño desaguisado, además de la proscripción sine die de esta empresa de nuestro Festival de Cante”.
                                                   Álvaro de la Fuente Espejo

(Palabras pronunciadas  en estas mismas páginas tras la edición de nuestro festival del año pasado que, desgraciadamente, vuelven a estar de plena actualidad).

 Nueva edición de nuestro Festival de Cante Grande “Fosforito”, nuevo Equipo de Gobierno en el Consistorio Municipal, nuevo Concejal Delegado de Festejos y, a  tenor de lo presenciado por quien esto escribe el pasado 14 de agosto en la Caseta Municipal de nuestra-en fase terminal- feria,  viejo problema que  va camino de convertirse, como suele hacer este pueblo  con tantas otras cosas, en algo tradicional.  Lamentable, desastroso, frustrante, deleznable…-se me acaban los apelativos-lo vivido, una vez más, este año, con el equipo de megafonía. No es de recibo que el Festival Flamenco más antiguo de la provincia de Córdoba, por el que ha pasado en sus 45 años de vida la grana y oro del cante flamenco-Antonio Mairena, Camarón, su creador nuestro Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, el recientemente fallecido, y homenajeado en la presente edición, Enrique Morente…-, vuelva, tras lo ocurrido el año pasado,  a padecer la INCOMPETENCIA de unos técnicos de sonido y/o equipo de megafonía, convirtiendo esta señera cita tradicional andaluza con el cante, desde el punto de vista del sonido, en una  típica verbena de pueblo posguerrera. Es inadmisible que a las 22:35 h-la hora de comienzo estaba fijada a las 22:30 -algunos artistas, tras más  de dos horas probando el sonido, todavía  estuviesen haciéndolo bajo la mirada indignante y  perpleja  del cerca del millar de aficionados presentes. Me consta  el cabreo monumental del nuevo Concejal de Festejos y  su firme  decisión  de que esto no vuelva a pasar; lo  celebro infinitamente-se empiezan a arreglar los problemas reconociéndolos-, pero el daño   ya está perpetrado, y si el nuevo Señor Alcalde quiere realmente cumplir con el espíritu desprendido de lo manifestado por él mismo en la prensa local-“el Festival de Cante Grande Fosforito” es en sí mismo un acontecimiento cultural y turístico de primera magnitud en Andalucía. Vamos a seguir trabajando para impulsar su difusión, para destacar su calidad año tras año, y lo queremos hacer convencidos de que constituye un pilar fundamental de nuestra apuesta por la cultura y el turismo en Puente Genil. En él queremos depositar una parte importante del valor de la marca Puente Genil como ciudad”- muy atento, junto a su equipo, debe estar el año próximo con  esta  incompresible problemática que está provocando, en el mundillo del flamenco , que Puente Genil sea el HAZMERREÍR de aficionados y artistas tirando por los suelos el buen nombre labrado con mucho esfuerzo, a lo largo de tiempo, por personajes como “El Tenazas”, “El Seco”, Perico Lavado o la actual  Llave de Oro del Cante.  Por supuesto que no le culpo directamente,  ni a su Concejal de Festejos-la nefasta empresa de sonido del año pasado ha sido sustituida ipso facto por otra-,de tan  lamentable situación, pero sí deben  tomar buena nota  de “tan tamaño desaguisado” y,  si se me permite el consejo, “proscribir sin die a esta empresa de nuestro festival”-observará el lector que utilizo los mismos términos del año pasado, ¡qué triste!-, apostando decididamente por una empresa y técnicos fiables cueste lo que cueste. Los aficionados,  Puente Genil como enclave fundamental en la historia del cante y los artistas contratados-este año  se ha apostado por gente muy joven con unas ganas enormes de demostrar su valía  y “licenciarse” en esta complicada plaza flamenca-no se merecen esto. Perdonadme, estimados lectores, por tan pesada perorata, pero mi pasión por Puente Genil y  la manifestación artístico musical que lo ha encumbrado por todo el mundo me han obligado a no pasar por alto esta contumaz situación. En fin, no hurguemos más en la herida, toquemos madera y confiemos de cara a futuras ediciones, visto lo visto-¡qué remedio!-, en la Providencia.

Sin más dilación, vayamos a lo realmente interesante, aclarando antes que todo lo que sigue  a continuación sobre la valoración artística de los cantaores nace de  mi subjetividad más absoluta producto tanto de mis humildes conocimientos sobre el cante como de mi propias afinidades estéticas. No pretendo sentar cátedra ex profeso ni nada por el estilo, únicamente compartir, con mis limitaciones, una opinión más sobre el proceder del elenco de artistas   encima del escenario. Artistas-David Palomar, David Pino, Marina Heredia, La Lupi, Julián Estrada y Arcángel- fieles, a mi entender,  a la nueva concepción jonda del cante actual  pero dentro de una, como muy bien señaló en el acto de presentación del festival celebrado a finales de julio, como es tradicional, en las incombustibles Bodegas Delgado de Puente Genil, el presentador Juan Ortega, “evolución responsable” del cante. Una evolución marcada por la introducción de nuevos elementos musicales-instrumentos de cuerda y percusión, nuevos acordes  y afinaciones de la guitarra(esto se conoce como scordatura o “técnica de los ascensores”  y ya era utilizado a comienzos del siglo pasado por Ramón Montoya en su rondeña de concierto), presencia de coros y complejas combinaciones rítmicas- y por la mezcolanza de estilos en un mismo corte,  que debe respetar, desde mi punto de vista, para merecerse el calificativo de “responsable” ,los aspectos históricos, estéticos, musicales y psicológicos  mínimos de los diferentes estilos flamencos. Está claro que el cante flamenco, como fenómeno artístico/musical, ha estado siempre sujeto, a lo largo de su historia, a un constante mestizaje  de estilos y elementos musicales-eje: el compás abandolao procede del bolero, el ritmo binario de los tangos de músicas afroamericanas, cantes como la farruca o garrotín proceden del folklore del norte de España….-, pero siempre dentro de unos límites -eje: a una toná no se le debe poner percusión de baterías o cajones con elaboradas combinaciones rítmicas, los abandolaos tienen un ritmo ternario muy definido que no puede ser sustituido por un binario, en la soleá, por su idiosincrasia antropológica, sobra la percusión y un tempo alegre-inquebrantables. Estos límites en ocasiones son traspasados, y me parece, desde un punto de vista musical- no flamenco-, bien, pero que no nos intenten,   las casas discográficas o los  repentinos y sospechosamente  FLAMENKITOS cargos políticos a dedo,  vender gato por liebre presentándonos a artistas como Diego El Cigala o Pitingo como los abanderados del nuevo flamenco. Estos, de momento, nos están ofreciendo un rico e interesante producto musical que, a mi humilde entender, en absoluto puede ser considerado arte flamenco. Por lo tanto, y ya termino con este siempre controvertido asunto-la dicotomía tradición /modernidad ha sido una constante en la historia del cante; recordemos las palabras en los venerables, para el cante,  años 60 de la centuria pasada de Antonio Mairena:”el cante no está bien. Los que rezan como grandes figuras y ganan dinero(por cierto, me suena a la disputa actual entre la Asociación de Artistas Flamencos y la Junta de Andalucía) lo hacen a costa de una jerga, de una mezcolanza que ya no se sabe lo que es”-, EVOLUCIÓN  SÍ- ahí está  el caso de Don Antonio Chacón, figura respetada por todas las tendencias de aficionados que con su genio creativo  se atrevió a modificar y crear sobre algunas melodías de la época dando lugar a buena parte de los estilos flamencos hoy conocidos- PERO DENTRO DE UN ORDEN. A este respecto, y sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo con el maestro “Fosforito” cuando afirmó en el acto de presentación del festival “soy de los que piensan que no se le debe poner límite a la creación”, una aseveración, imagino,  motivada  más por su   nombramiento de presidente del Consejo Asesor de Expertos de la Agencia Andaluza del Flamenco  que por lo que realmente piensa y siente.

 El festival, por los problemas apuntados, comenzó cerca de las 23:00 horas, es decir, media hora más tarde de lo previsto, con un acertado y merecido homenaje póstumo-ya se le hizo uno hace unos años- a la figura del cantaor  Enrique Morente. El acto, muy sencillo, consistió en una-SUPONGO-interesante semblanza de la obra del maestro granadino por parte del presentador con la presencia de todos los artistas, comandados, como no podía ser de otra manera, por la auténtica alma mater de nuestro festival, Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, para pasar a continuación  a una grabación por tonás del maestro. Y digo bien “supongo” pues, por los susodichos problemas ya comentados, desde mi, no tan lejana, posición no la pude escuchar, para rubor e irritación respetuosa-sólo se percibían, para más inri, en un silencio sepulcral, los goles del Madrid/Barcelona de las casas colindantes-de todos los presentes. Después, un breve recordatorio del repentinamente fallecido Moraíto Chico, genial guitarrista jerezano y preclara figura del compás y musicalidad de Jerez, dándose paso al primer cantaor de la noche. Antes de ir a él, una breve reflexión sobre Enrique Morente. La condición humana es muy dada a reconocer unánimamente el valor personal, profesional o artístico de las personas una vez desaparecidas. Morente, no ha sido una excepción; desde su fallecimiento  el pasado mes de diciembre sólo he escuchado loas y reconocimientos de todos los sectores del cante, lo cual  me parecería bien si no fuera porque algunos de esos sectores que, repito, ahora los están adulando hasta extremos cercanos al pelotismo más acuciante y pegajoso, en vida del maestro cuestionaron, erróneamente, su validez artístico/flamenca (“yo tengo dos formas de cantar: una para la escena y otra para mis reuniones. En el teatro, el cante puro, el que no tiene truco, ese no es comercial. Pero óigame bien ahora, yo le hago el cante grande al completo. Manolo Caracol dixit) argumentando su inclusión profesional en el hecho musical dando rienda suelta a su innata capacidad creativa. Es evidente que todo lo que hacía el maestro no era flamenco, pero es innegable que cuando se ponía a cantar, como decimos los aficionados, por derecho, era único-ni más ni menos que el promotor de la ortodoxia más acérrima, Antonio Mairena, dijo de él en la década de los 60 del siglo pasado: “un caso diferente es el de Enrique Morente, que hace un cante futurista, intentando marcar la línea de lo que puede ser el flamenco de mañana. Puede ser así y no ser, pero al menos trabaja con honestidad”-, y para muestra esa joya flamenca grabada  para la posteridad, homenajeando a Don Antonio Chacón. Con esto lo único que solicito, con todos mis respetos, es coherencia; uno tiene derecho, faltaría más, a considerar que un artista no tiene calidad, pero no a cambiar, a modo de bíblica reconversión, de la noche a la mañana solamente por el fallecimiento del mismo. Pasemos a los artistas.

Abrió  la noche el joven cantaor gaditano David Palomar, junto a la guitarra rítmica y vanguardista de Ricardo Rivera, acompañado  de Anabel Rivera y Diego Montoya a las palmas. Y nada más salir-¡ya estamos!- un nuevo batacazo de la megafonía: solicitud del propio David de un micro en condiciones para sus palmeros. Salió valiente y sin complejos haciendo unas bulerías de Cádiz-chuflillas las llamó-acompañándolas con sus propias pataítas, demostrando, a un público poco acostumbrado a estas cadencias  envueltas por la gracia que sólo Cádiz imprime a sus hijos, sus buenas maneras para ser un digno sucesor de los ecos y maneras de cantaores como “El Beni” o Chano Lobato. A continuación cambió de tercio con unas seguiriyas  dejando claro su  capacidad, que sólo los elegidos tienen, para pasar de pronto, sin disminuir el nivel artístico, de la alegría al dramatismo más profundo. Prosiguió con unas magníficas alegrías de Cádiz, en las que la guitarra acompañante introdujo sones de jazz en forma de falsetas;  unos rítmicos y artísticos tanguillos; terminando su actuación, tras  regresar a petición del público, con unos preciosos fandangos naturales del Rubio. Buena actuación la de David, a pesar de la paupérrima megafonía-qué mal se oía la guitarra-, resuelta con gran profesionalidad. Espero verle por aquí con más asiduidad.

Continuó  su tocayo pontanés David Pino con la extraordinaria y académica guitarra de Gabriel Expósito. Y lo hizo, también de manera valiente y fiel a su bendita costumbre de recuperar cantes un tanto olvidados, con unos  Caracoles- cantes creados por Chacón  de dificilísima complejidad melódica-  siguiendo, a mi entender y salvando las distancias, los ecos  dejados por el propio Morente  en el trabajo discográfico señalado con anterioridad. Prosiguió, con su voz atenorada y rajada, con unas malagueñas seguidas, en un acertado alarde de innovación creativa muy personal, por  bamberas- primero sin compás, a modo de acompañamiento por fandangos que solía interpretar la Niña de los Peines,  y luego con un compás brioso por soleá creado para este cante por el legendario guitarrista Niño Ricardo y perfilado, con posterioridad, por Paco de Lucía- rematándolas por soleá por bulerías. Cambió de tercio con unas impresionantes seguiriyas- le costó finalizarlas con la variante de Manuel Molina- desprendiendo conocimiento de sus entresijos melódicos, adecuados cambios de intensidad en los tercios, sentimiento y profesionalidad a raudales.  Y finalizó  por bulerías, alterando  clásicas y  acancionadas, dedicadas con justicia al incombustible Rafael Sánchez, personalidad crucial en el mundo de la música de Puente Genil en los últimos treinta años. No obstante, y a petición del público, regresó  con una tanda de fandangos. En definitiva,  buena la  actuación de David ante su pueblo.

En tercer lugar, el escenario se transformó en una aureola de exótica belleza ante la   arrebatadora presencia de la granadina Marina Heredia. Madre mía, qué artistaza tenemos en ciernes. Si la suerte le acompaña y mantiene las ideas claras, estamos con total seguridad ante una potencial leyenda del  arte flamenco. Y es que la voz de Marina simboliza, con permiso de la actual señora del cante jondo Carmen Linares, la elegancia personificada en una apoteósica simbiosis entre la delicadeza y el dramatismo. Dulce lamento, a mi entender, es la mejor definición de su cante; un cante deslumbrante primero por alegrías, mostrando sus dos acompañantes-Reyes Martín y Jara Heredia- un perfecto acople y sensibilidad en los coros. Un cante bien elaborado por malagueñas seguidas por fandangos del Albaicín-versión ligera de los de Frasquito Yerbabuena-. Un cante paciente, muy personal y experto en los cambios de intensidad, por soleares de Triana. Un cante rítmico  ajustadísimo a compás en unos tangos recordando a Morente y con matices de Camarón. Y un cante espontáneo y desenfadado por fandangos, con la guitarra-bien templada durante toda la actuación-de Luis Mariano   fuera de micro  recibido por un aficionado con el grito “sin micrófono se oye mejor”. Me ahorro los comentarios.

Para cerrar la primera parte salió  la bailaora malagueña “La Lupi” con su grupo que, según me contaron al final del festival, estuvo majestuosa por alegrías, verdiales  y serranas. Y digo “según me contaron” porque, quizás en el momento más álgido de mi “megafónica” indignación auspiciado por el anterior comentario del aficionado, abandoné mi escucha activa para abordar, a modo de frustrante catarsis, con varios aficionados el lamentable espectáculo que Puente Genil estaba dando al mundo del flamenco. Prometí más arriba, estimados lectores, no hurgar más en la herida, pero me es imposible; a día de hoy, diez días después del festival, mi malestar continúa indemne y, mucho me temo, seguirá igual como mínimo, eso espero, hasta la edición del  año que viene.

Tras el obligado y, para mí, monotemático- ¡megafonía, megafonía, megafonía…!-descanso, apareció sobre el escenario nuestro paisano Julián Estrada  junto a la deslumbrante guitarra de Manuel Silveria. Llevo haciendo la crítica del festival en estas páginas tres años, y como muy bien sabéis, siempre he sido muy exigente con Julián. Pues bien, por fin quedo totalmente satisfecho de  su actuación. A Julián siempre le he valorado sus impresionantes facultades  además de la riqueza musical imprimida a sus cantes, pero también le he criticado firmemente su obsesión con  el ropaje armónico y rítmico, su falta de espontaneidad e improvisación y su escasa variedad de repertorio. En esta ocasión, sin embargo, actuación redonda. Cantó como siempre- afinación perfecta, compás ajustado, conocimiento de los cantes y voz muy impostada- pero añadiendo  gusto, espontaneidad y diversidad. Con estas premisas interpretó  unas bellas  tonás campesinas; peteneras con gran sentimiento y adecuados bajos; soleá de Alcalá, luchando incansable y delicadamente en sus tercios; cantiñas, alternando alegrías y mirabrás;  fandango y abandolao  de Frasquito Yerbabuena,  en un preclaro compás por bulerías y, para finalizar, unos fandangos personales provocando el éxtasis del público asistente que no quería que se fuese. Por cierto, muy  bien acompañado en todo momento  por las palmas  de los también pontanenses, Jesús Zarrias, Jorge Vílchez y Encarna López.

Y para terminar, apareció-a priori, el plato fuerte de la noche-Arcángel con la majestuosa guitarra de Miguel Ángel Cortés y los armonizados coros de los hermanos Saavedra. Y digo “a priori”  porque para mí, y a posteriori, lo fue Marina Heredia sin discusión. No es que estuviese mal este magnífico cantaor onubense de voz superaguda  y afinadísima, pero por momentos no lo vi muy a gusto  y centrado sobre el escenario  como por ejemplo en la malagueña de Chacón. No obstante cumplió a la perfección, demostrando, pese a su juventud, muchas tablas y saber estar. Comenzó cantando, haciendo alarde de sus facilidad melódica y acusado barroquismo, soleá por bulerías; pasó a la mencionada malagueña; continuó con unos frescos tangos muy preciosistas; unas alegrías de Cádiz alternadas con las  de Córdoba con un gusto exquisito terminando, ante la insistencia del público, con unos fandangos de su tierra.

En definitiva, y para concluir, queridos amigos, un gran festival flamenco desde el punto de vista artístico, enturbiado, amarga y vergonzosamente, por la megafonía  que, pese a la terrible situación económica dominante, ha sabido mantener su nivel de calidad tradicional con una joven pléyade de artistas representantes de la actual tendencia en el cante flamenco. Esperemos, por el bien del cante, continúen con esta línea sin olvidar, eso sí, los fundamentos básicos de este arte nuestro  universal nombrado recientemente  Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Innoven, creen, indaguen sin miedo, pero  dentro de unos límites. ¿Qué sería de este arte si Antonio Chacón, Antonio Mairena o nuestro  “Fosforito” se hubiesen dedicado, únicamente, a repetir obsesivamente las melodías de sus respectivas épocas? ¿Qué sería de este arte si, abandonando el género flamenco,  hubiesen recorrido solamente el fácil  y superficial camino de lo comercial? Dos preguntas, cuyas acertadas respuestas dan la clave del tan deseado equilibrio.        UN SALUDO A TODOS   

Álvaro de la Fuente Espejo
                                                                                                    


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