lunes, 7 de agosto de 2017

              ALVARO MARTÍN QUIERE Y PUEDE.

                                         


Conocí a Álvaro de San Andrés Martín Rosales - ¡vaya apellidos pontanos con más arte!-, en la primera Escuela de Saetas Cuarteleras que dirigí hace unos años.  Ya por aquel entonces, a pesar de su corta edad -apenas once añitos-  dominaba como un viejo la melodía de la Cuartelera, mostrando una, para mí, sorprendente tendencia natural al aflamencamiento de sus tercios, siguiendo la escuela camaronera, circunstancia por la que le reñí en varias ocasiones. La Cuartelera posee una melodía sencilla de interpretar, mas con unos matices, un aire que es imprescindible respetar y que hay que exigir a sus intérpretes, y más si uno de ellos, como en el caso que nos ocupa, pertenece a una de las sagas familiares, por derecho propio,  mas saetera de La Puente.

Desde aquel momento, ha llovido mucho. Álvaro, en apenas seis años, se ha destapado, y así es considerado por la afición pontana, como la más firme promesa del cante de Puente Genil. Su voz ha abandonado su timbre infantil, ha evolucionado y se ha definido, mostrando una muy buena predisposición para interpretar lo jondo. Qué duda cabe de que acaba de empezar, de que ahora mismo no es más que un joven, como tantos otros, que ha encontrado en el cante su pasión, pero ¡ojo!, que no le quepa a nadie la menor duda de que él quiere y puede. Quiere, porque se ha visto atrapado por el misterio de los sonidos negros, de esos que, de manera irracional, te atrapan, dominan tus sentidos y no te dejan un instante. Y puede, porque tiene el instrumento adecuado -su voz crece día a día-, una gran afición -escucha a todos y de todo-, una cabeza muy bien amueblada -además de sus estudios en el Conservatorio, va a iniciar la carrera de Grado en Historia y Ciencias de la Música- y una familia que le adora, mima y asesora. Evidentemente, su personalidad cantaora aún está por definir, pero está en ello, y, lo más importante, en el camino adecuado.  Como quien no quiere la cosa, y sin grandes alardes publicitarios, hace un año se alzó con el premio Cayetano Muriel del Certamen de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Córdoba en su primera experiencia concursística, y está a punto de presentarnos su primer trabajo discográfico, de la mano de un productor musical -Chemi López- que de esto, os lo puedo asegurar,  chanela un rato,  apostando por él sin dudarlo para su serie Joven Cante Jondo   de su productora La Droguería Music. Encima se ha rodeado  con lo más solvente y mejorcito de la música y el flamenco joven de Puente Genil: Juan Lavado y Rafael Ortega al toque; los hermanos Álvaro y Fernando Gamero a las palmas; y las también hermanas Inma y María Lavado a los coros.

En definitiva, estimados amigos, que La Puente Flamenca no se para. Nuestra tradición cantaora se renueva con fresca sabia, con nuevos protagonistas que con ilusión y trabajo llegarán donde se propongan. 

Querido tocayo: eres un gran chaval y te deseo lo mejor. Estás a puntito de empezar a demostrarnos a todos que el legado cantaor de Puente Genil -ese que, como muy bien sabes, enhebraron  El Niño del Genil, El Seco, Perico Lavado, Vicente Cáceres, David Pino, Julián, el maestro Fosforito y tantos otros-, está a puntito de encontrar un nuevo e ilusionante eslabón. ¡Ah!, y ya sabes: “ver, oír y callar”.  

Nos vemos el viernes.
                                          ÁLVARO DE LA FUENTE ESPEJO.
                                         
                                    


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