miércoles, 24 de enero de 2018


    ¿DÍA DEL FLAMENCO O DÍA DEL POSTUREO?


El pasado 16 de noviembre se celebró en Andalucía un nuevo Día Internacional del Flamenco, efemérides impuesta por la Junta coincidiendo con el manido nombramiento de la UNESCO de hace siete años. Con la perspectiva que dan estos dos mil quinientos cincuenta y seis días, es el momento de cuestionarnos la utilidad de esta celebración. ¿Realmente ha servido para algo? ¿Ha propiciado un mejor tratamiento y consideración de las diferentes administraciones y de la sociedad en general hacia el Flamenco? Mucho me temo que no; mucho me temo que ha quedado en una especie de Día del Postureo, aprovechado por los diferentes actores para, en general,  pegarse una juerguecita de pavoneo e hipocresía delante de los medios de comunicación. Por mi profesión, me centraré en lo que dicho día ha supuesto en los centros educativos andaluces de la enseñanza obligatoria. A ver. Una de las condiciones que la UNESCO impuso como condición imprescindible para “el manido nombramiento” consistió en que nuestros centros educativos de la enseñanza obligatoria (colegios e institutos) ofreciesen, integrada en sus currículos, la cultura flamenca, con el mismo tratamiento que reciben otras culturas musicales (música clásica, rock o pop). Bien, pues como reza el dicho: “el gozo en un pozo”. Esta condición sine qua non ha quedado reducida -destacamos, y celebramos muy efusivamente,  muy dignas y loables excepciones producto de iniciativas aisladas de algunos profesores y maestros-, al tratamiento del Arte Flamenco en nuestros colegios e institutos durante un solo día lectivo de los ciento setenta y seis días de los que consta el año. Un día aprovechado - ¡encima! - por algunos altos cargos para visitar los centros educativos con el habitual séquito de medios de comunicación, proclamando a los cuatro vientos el concienzudo empeño de la Consejería de Educación para que este noble arte se estudie en los colegios andaluces.  Un servidor, un año más y como os podéis imaginar, no se ha prestado a esta pantomima, por mucha persuasión bojística utilizada. 
En nuestras clases diarias de música de mi cole, trabajamos la cultura musical flamenca como una más, con el objetivo de que los alumnos adquieran unos conocimientos básicos. Así, la práctica del compás de las bulerías, un breve recorrido por los cantaores de Puente Genil y su saeta cuartelera, la interpretación con la flauta dulce de unas alegrías o el tarareo de unos zánganos, son algunos de los contenidos que, con naturalidad, incluimos en nuestra programación del Área de Música, al objeto de desarrollar entre los alumnos sus competencias musicales y culturales.  No tratamos - ¡Dios nos libre! - de formar cantaores o de enseñar a cantar alguna de las soleares de Paquirri y, por tanto, sustituir los contextos tradicionales en los que se trasmite el cante. La escuela, como centro de transmisión de los conocimientos -su principal razón de ser-, no puede permanecer impávida y pasota ante el más cercano y genuino de la sociedad a la que pertenece, y qué duda cabe que, en Andalucía, en el ámbito de las culturas musicales, la flamenca, como preclara seña de identidad de nuestra idiosincrasia, merece ser estudiada y conocida por nuestros niños. ¿No se conoce y estudia en nuestros colegios la obra de algunos de los escritores andaluces más importantes? ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestros músicos? ¿Acaso el Flamenco no es música…? Por otro lado, ¿la literatura andaluza sólo se estudia, y celebra, durante un solo día al año en nuestros colegios, con el boato político correspondiente? Con estos interrogantes, en absoluto me muestro disconforme a que en los centros educativos se celebren los famosos “días de”, pero siempre en un contexto de normalización educativa y concienciación pedagógica, alejado de la interesada propaganda política. En mi cole, por supuesto que celebramos el Día del Flamenco, mas en el contexto normalizado de la conmemoración del Día de Andalucía allá por el mes de febrero, efémerides que aprovechamos para concienciar, de una forma festiva y lúdica, a nuestro alumnado de las identidades culturales de nuestra tierra, algo que, de manera reglada, intentamos fomentar durante todo el año a través del currículo, y no, de manera exclusiva y caprichosa, en un solo día.  
      
                                              Álvaro de la Fuente Espejo


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