martes, 30 de enero de 2018


PREMISAS BÁSICAS DE UNA CONCEJALÍA DE FLAMENCO


Si echamos un vistazo a las diferentes localidades andaluzas en las que el Flamenco tiene un importante arraigo y tradición en su programación institucional, con excepción de la nuestra, en ninguna aparece una Concejalía de Flamenco como organizadora del cotarro flamenco. Y en todas ellas, desde siempre, se ha gestionado y se continúa gestionado el Flamenco con las dificultades inherentes a la gestión propiamente dicha, sin necesidad de una concejalía específica.  Puente Genil, como todos sabemos, desde hace tres años cuenta con una Concejalía de Promoción y Desarrollo del Flamenco, siendo la única localidad de España, que un servidor sepa, que la tiene. En su día celebré efusivamente dicha decisión como una manera de centralizar, desligándolos de otras áreas, los recursos públicos destinados al Flamenco, creyendo que así se iba a conseguir una gestión más ágil y resolutiva.  En este tiempo, como todo en la vida, la gestión de dicha concejalía ha tenido sus luces y sus sombras, las cuales no voy a valorar. Lo que sí voy a proponeros, queridos lectores, son una serie de premisas generales, en las que, en mi opinión, debe de basarse una Concejalía de Flamenco que se precie. Vamos allá:

-Una Concejalía de Flamenco debe de ser consciente de la importantísima responsabilidad que tiene entre manos. Una responsabilidad enfocada en la gestión de la tradición artístico musical más valiosa, nacida y desarrollada en nuestro país.

-Una Concejalía de Flamenco debe de tener muy claro que el Flamenco es un arte profesional, por lo que profesionales son sus principales protagonistas, que deben recibir un tratamiento digno desde el punto de vista económico, y bajo los principios básicos de la justicia, equidad y calidad.

-Una Concejalía de Flamenco debe de ser un elemento activo y no decorativo para el Equipo de Gobierno de turno. Debe de tener autonomía propia y la personalidad suficiente para proponer, y conseguir, la gestión que considere más conveniente.

-Una Concejalía de Flamenco debe de saber gestionar. Para ello debe de poseer un conocimiento adecuado del Flamenco, de su mundo y de la idiosincrasia flamenca de la localidad a la que pertenece. Este conocimiento no tiene por qué recaer exclusivamente en la persona titular de la misma; se puede diseñar un equipo de trabajo con personas de reconocida trayectoria y solvencia en el Flamenco, en sus diferentes vertientes, que actúe, de manera permanente o puntual -dependiendo de la densidad de actividad flamenca de la población- como asesor. Asesoría, por supuesto, adecuadamente reconocida y, por tanto, remunerada.

-Una Concejalía de Flamenco debe de ser consciente de que el conocimiento de un arte tan complejo como el Flamenco, no se obtiene de pronto y, milagrosamente, en un momento determinado a raíz de un nombramiento político, y la consiguiente designación a dedo, sino a través de muchos años de escucha, reflexión y convivencia con flamencos y aficionados.

-Una Concejalía de Flamenco debe de dar un trato equitativo y justo a las diferentes empresas que se ofrezcan para organizar los diferentes eventos flamencos. Asimismo, a las mismas debe de exigirles extrema profesionalidad, seriedad y eficacia, dejándoles muy claro, desde el primer momento, sus competencias.  

-Una Concejalía de Flamenco debe de, a través de las diferentes asociaciones flamencas, saber escuchar a la afición local, para conocer sus sensibilidades y gustos, y así tomarlos como elementos de consideración en su gestión. No puede ni debe basarse, exclusivamente, en sus gustos personales, intereses partidistas, favoritismos u otros elementos inconfesables.

-Una Concejalía de Flamenco debe de entender que el dinero y recursos que gestiona son públicos, es decir, de todos, por lo que su gestión debe de ser, y parecer, lo más eficiente y seria posible.

-Una Concejalía de Flamenco debe de controlar a los técnicos municipales coparticipes de su gestión, exigiéndoles máxima eficacia y pulcritud en sus actuaciones.

-Y, por último, una Concejalía de Flamenco debe de ser consciente de que los auténticos protagonistas de la actividad flamenca de la localidad a la que pertenece son sus flamencos y aficionados, por lo que debe de evitar aquellos fáciles e insustanciales protagonismos enfocados a la obtención de réditos electorales.

Termino, estimados lectores, proponiéndoos la pregunta del millón. ¿Se han cumplido estas premisas en la gestión diseñada y desarrollada por nuestra Concejalía de Promoción y Desarrollo de Flamenco? Ustedes mismos… Un servidor se reserva su opinión para otra ocasión.
                                                                  
                                              Álvaro de la Fuente Espejo


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