viernes, 23 de febrero de 2018


            JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ EN EL COLE

(Firmando autógrafos a los ilusionados niños)


Cuando la genialidad coincide con la bondad, el resultado no puede ser más satisfactorio. Cuando tenemos la suerte de encontrarnos con uno de los artistas flamencos más preclaros de los que disfrutamos en la actualidad, en el que además converge la generosidad y la amabilidad más extrema, uno no puede más que, después de soportar tanta mediocridad humana predominante en este complejo mundo del flamenco, reconciliarse con este noble arte musical. Y si encima toda esta casuística se da en uno de los escasos lugares creados por el ser humano, donde, a pesar de los pesares, la inocencia todavía constituye su más destacada virtud, la sensación roza el éxtasis más absoluto. 

El pasado veintiuno de febrero, en el Colegio de Educación Infantil y Primaria José María Pemán del pueblo cordobés de Puente Genil, disfrutamos del arte y calidad humana de un ser humano excepcional: el guitarrista y compositor cordobés, afincado en la localidad sevillana de Utrera, José Antonio Rodríguez.  Hablar de José Antonio, en el mundo del flamenco, es hablar de uno de los grandes referentes de los últimos veinticinco años en el toque flamenco, tanto en el acompañamiento, en el concierto, como en la composición. Y después de conocerlo personalmente, observar su sensibilidad en el trato con los niños, y departir con él sobre diferentes asuntos de la actualidad flamenca, un servidor no puede más que quitarse el sombrero ante tanto derroche de honestidad y generosidad.

(Con el profesor del centro Rafa, auténtico artífice de la visita
de José Antonio)
El futuro del flamenco, como todo en esta vida, está en nuestros niños. Actualmente, están desapareciendo los ámbitos en los que, tradicionalmente y de manera natural, el niño entraba en contacto con el flamenco. Por lo que la escuela, si se hace bien, con sensatez, mucho cariño, planificación y concienciación pedagógica, puede, de alguna manera, recoger un poco el testigo de la labor que se protagonizaba en dichos ámbitos. En nuestro cole llevamos desde hace unos años, en el Área de Educación Musical, enseñando, de una manera muy básica y didáctica, la cultura musical flamenca, con un objetivo muy claro: acercar a nuestros niños esta maravillosa música para que la conozcan -lo desconocido no se puede amar-  y, solo si ellos lo desean, disfruten y cultiven. Nada más, no pretendemos enseñar a cantar la seguiriya del Marruro o una de las soleares de Alcalá. En nuestras clases de música enseñamos el ritmo de la soleá, tangos o bulerías; escuchamos fandangos y sevillanas; conocemos los cantes, y su geografía, a través de cuentos creados a partir de las letras; y aprendemos con la flauta dulce pequeñas melodías flamencas. Para ello no hace falta que el maestro de música de turno sea aficionado o un experto en flamenco, simplemente que tenga voluntad, al existir recursos suficientes. Nosotros utilizamos un método - Del flamenco a todas las músicas - que publicó, hace unos años, la Editorial Octaedro, elaborado, entre otros, por expertos como Manuel Herrera o Calixto Sánchez, y cómo no, por el protagonista de esta historia, nuestro querido José Antonio, responsable del toque de guitarra que aparece en el mencionado libro de texto. Un método muy recomendable - el mejor que un servidor conoce para trabajar el flamenco en la Educación Primaria -, y que es una pena que, de momento, esté siendo trabajado en Andalucía por una cantidad ínfima de colegios.

                  (Del flamenco a todas las músicas, método que utilizamos en el colegio)

Con José Antonio disfrutamos de una jornada realmente inolvidable. Debo resaltar que el artífice de su visita - es de justicia destacar que absolutamente desinteresada - es mi compañero y maestro del centro Rafael Pavón, amigo personal de José Antonio y su vecino en Córdoba. Rafa, además, toca excelentemente bien la guitarra, y para él, al igual que para todos sus afortunados alumnos, fue un día que quedará grabado para siempre en su corazón. José Antonio llegó al centro a eso de las diez y media de la mañana; tras un café caliente y un pequeño y cálido intercambio de impresiones en la sala de profesores, nos desplazamos al aula de Rafa de 6ºA, donde nos estaban esperando un puñado de niños algo nerviosos, mas muy ilusionados y ávidos por conocer a José Antonio, del que llevaban un par de semanas, por boca de su profe Rafa, escuchando sus increíbles peripecias en el mundo del flamenco. Nada más entrar en el aula, los ojos de los niños se abrieron considerablemente, centelleando rayos de emoción, ilusión y agradecimiento.
Durante unos cuarenta y cinco minutos, los niños asediaron a José con todo tipo de preguntas, a las que, con una sensibilidad exquisita, mucho cariño y una paciencia digna de elogio, fue respondiendo una por una. Le preguntaron de todo un poco: lo que siente en sus numerosas y largas giras por todo el mundo; por sus grandes ídolos, durante su infancia, de la guitarra; por el tiempo que le dedica al estudio de la bajañí; por sus composiciones favoritas; por sus innumerables premios, etc. Me quedo, no obstante, con la afirmación tajante que lanzó sobre la relación existente entre el talento o el genio y el trabajo, no vacilando ni un segundo: la única fórmula de conseguir y desarrollar los primeros es a través del segundo, es decir, con el trabajo, trabajo y trabajo, no existe otra. En este sentido, los niños se quedaron boquiabiertos cuando afirmó que a veces se levanta a las cinco y media de la mañana para tocar la guitarra, en jornadas de diez horas. Sonó la sirena del recreo, y tras las últimas preguntas, José Antonio no dudó ni un segundo en coger la guitarra e interpretar un emotivo tema denominado Adiós Muchachos de su último disco.

(José Antonio tocando su Adios Muchachos)
Tras el período de recreo, nos desplazamos al gimnasio donde, muy impacientes, nos esperaban las cien imberbes almas del tercer ciclo de primaria (5º y 6º). De nuevo caras de infantil inocencia, muchísima ilusión y preclara curiosidad. Tras una breve charla de José Antonio, pasamos a la acción. Ni cortos ni perezosos, los alumnos de uno de los dos quintos cogieron sus flautas y, con el acompañamiento de un cajón flamenco, interpretaron una bulerías del ya mencionado libro de texto, trabajadas en los últimos tres meses.


(El alumnado de 5º de Primaria interpretando unas bulerías)

A continuación, tomaron el relevo los dos sextos, interpretando unas bulerías, con las melodías del Zorongo, El Vito y Anda Jaleo, y el Himno de Andalucía al compás de tangos.  Y para finalizar, la gran sorpresa a José Antonio: el profe Rafa llamó a su curso, lo puso en situación con sus flautas, un cajón flamenco y teclado, e interpretaron, de manera sobresaliente, su Adiós Muchachos, tocando el propio profe la sonanta.  El rostro de emoción de José Antonio era más que evidente. Creemos que, de las innumerables versiones protagonizadas por los diferentes artistas que José Antonio habrá escuchado de alguna de sus composiciones, ésta le quedará grabada en su corazón para siempre, al ser una interpretación inmaculada, libre de intereses comerciales o de otra naturaleza, con el único objetivo de disfrutar de la música, sin más.

                                      
            (Los alumnos del profe Rafa interpretando el Adios Muchachos de Jose Antonio)

Finalizó la intensa jornada con el esperado aluvión infantil de solicitudes de autógrafos, y la correspondiente cervecita con José Antonio, momento que aproveché como director del centro para agradecerle, de parte de toda la comunidad educativa, este increíble y noble gesto de generosidad con nuestro colegio. Cuando pasen muchos años, nuestros niños lo valorarán en su justa medida. Les contarán a sus hijos que una vez, en su cole, una fría mañana de febrero, les visitó, con una humildad y delicadeza encantadora, uno de los más grandes guitarristas y compositores del flamenco de todos los tiempos. Gracias, maestro.
                                                               Álvaro de la Fuente Espejo

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