jueves, 8 de marzo de 2018


                                  A TI, QUERIDO PAISANO/A

Estás líneas no van dirigidas a vosotros, paisanos/as de buena fe, que hoy, de una manera respetable, respetuosa y consciente, habéis ejercido vuestro legítimo derecho a la huelga con el imprescindible objetivo de conseguir una sociedad más justa e igualitaria, que estoy seguro sois mayoría. Sino a aquellos que -por suerte, en franca minoría-  se toman algo tan sagrado como el derecho a huelga en un pitorreo, apto para, con perdón, las catetadas más pueblerinas y sorprendentes, no siendo conscientes de que la cultura y el arte son las realidades más palpables que nos humanizan y nos alejan de la irracionalidad más absoluta. Precisamente, de esa irracionalidad responsable de las situaciones denunciadas en una huelga como la de hoy.

Sí, me dirijo a ti, querido paisano/a, que no se te ha ocurrido otra cosa para proclamar tu fundado y necesario rechazo a las situaciones de injusticia que, desgraciadamente, abundan en nuestro país relacionadas con las condiciones laborales de las mujeres, que protagonizar un acto tosco y de enorme vulgaridad -como decimos aquí: una mamarrachá – con algunos de los referentes de las artes universales y de nuestra cultura pontana, simbolizados con la estatua del maestro Fosforito y el busto del insigne Manuel Reina.  Sinceramente, no te voy a engañar, no sé qué pinto, con la cantidad de tareas que tengo pendientes, en esta lluviosa tarde de primeros de marzo, estar perdiendo el tiempo contigo. Sé que no me vas a entender, ni vas a protagonizar el mínimo esfuerzo por conseguirlo, al carecer de la sensibilidad apropiada. Mas me apetece hacerte, si me lo permites, estas breves apreciaciones:

-Estoy seguro de que eres de los que cerrarían la biblioteca de nuestro pueblo o la escuela de música, al considerarlas gastos inútiles que “no sirven pa na”. No eres capaz de apreciar que la lectura y la música son de las poquitas cosas que nos quedan para alimentar nuestro espíritu, enriquecer nuestro intelecto y, por consiguiente, aumentar nuestra capacidad crítica para combatir las situaciones injustas con las que nos enfrentamos en el día a día.

-Estoy seguro de que valoras muuuuucho más un móvil de última generación para tus hijos, que un buen libro, un viaje o una interesante obra de teatro. Es tu concepto del progreso y el avance perpetrado por el ingenio humano.

-Estoy seguro, cómo no, de que eliminarías de un plumazo nuestras tradiciones culturales de carácter popular más asentadas. No eres capaz de comprender que en los pueblos y ciudades es más que recomendable para la salud mental de sus ciudadanos, que estos se movilicen en torno a unas tradiciones que además de ofrecernos una personalidad definida y un proyecto vivencial común, consideran a la música, a la religiosidad, a la poesía, a la socialización y a tantas otras cosas que jamás entenderás, como puntos nucleares. Por supuesto, no son perfectas, ¿lo eres tú quizás?

-Y, para finalizar, estoy segurííííííísimo, querido paisano/a, de que mientras lees estas páginas te estarás partiendo de risa, con el objetivo de ponerme a parir de un burro en tus grupos cómplices de wasap por la “tonterías” que te estoy soltado.

Termino. Manifiéstate contra las injusticias cuando quieras. Utiliza los diferentes y múltiples medios de los que disponemos para convertir tu reivindicación en un acto de nobleza y justicia. Pero por favor, hazlo, si me permites el consejo, con un poquito de decoro, elegancia y respetabilidad, no necesitas de estos actos de tan mal gusto. No obstante, quiero que sepas que si en la próxima vez que se tercie incurres en la misma ordinariez, en el fondo te entiendo. No es tu culpa que, en nuestro país, los que tienen el poder para hacerlo, no consigan establecer los mecanismos apropiados para que la cultura, el arte, la música, etc., se ganen la respetabilidad y conciencia apropiada de la sociedad. ¿Te imaginas en, por eje, Salzburgo -pueblo natal de uno de los más grandes genios de la Música- que durante una huelga o manifestación apareciese una de las estatuas de Mozart con un delantal? Me responderás convencidísimo: “hombre, no me compares a Mozart con el Fosforo”. He aquí el problema….
                                                         Álvaro de la Fuente Espejo

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