lunes, 27 de febrero de 2017


(Como son días moviditos, estoy haciendo un poco de memoria. Os dejo lo que un servidor escribía en la revista "El Pontón" sobre nuestro festival de cante de hace unos años. Una edición en la que colaboré como Asesor Flamenco del Ayuntamiento. "Cargo" que no me impidió decir lo que me vino en gana).
XLV FESTIVAL DE CANTE GRANDE “FOSFORITO”

“Desconozco la identidad de la empresa de la megafonía y del responsable directo de su contratación, pero el mundo del  Flamenco, los cerca del millar de aficionados que religiosamente pagamos la entrada merecemos una explicación de tan tamaño desaguisado, además de la proscripción sine die de esta empresa de nuestro Festival de Cante”.
                                                   Álvaro de la Fuente Espejo

(Palabras pronunciadas  en estas mismas páginas tras la edición de nuestro festival del año pasado que, desgraciadamente, vuelven a estar de plena actualidad).

 Nueva edición de nuestro Festival de Cante Grande “Fosforito”, nuevo Equipo de Gobierno en el Consistorio Municipal, nuevo Concejal Delegado de Festejos y, a  tenor de lo presenciado por quien esto escribe el pasado 14 de agosto en la Caseta Municipal de nuestra-en fase terminal- feria,  viejo problema que  va camino de convertirse, como suele hacer este pueblo  con tantas otras cosas, en algo tradicional.  Lamentable, desastroso, frustrante, deleznable…-se me acaban los apelativos-lo vivido, una vez más, este año, con el equipo de megafonía. No es de recibo que el Festival Flamenco más antiguo de la provincia de Córdoba, por el que ha pasado en sus 45 años de vida la grana y oro del cante flamenco-Antonio Mairena, Camarón, su creador nuestro Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, el recientemente fallecido, y homenajeado en la presente edición, Enrique Morente…-, vuelva, tras lo ocurrido el año pasado,  a padecer la INCOMPETENCIA de unos técnicos de sonido y/o equipo de megafonía, convirtiendo esta señera cita tradicional andaluza con el cante, desde el punto de vista del sonido, en una  típica verbena de pueblo posguerrera. Es inadmisible que a las 22:35 h-la hora de comienzo estaba fijada a las 22:30 -algunos artistas, tras más  de dos horas probando el sonido, todavía  estuviesen haciéndolo bajo la mirada indignante y  perpleja  del cerca del millar de aficionados presentes. Me consta  el cabreo monumental del nuevo Concejal de Festejos y  su firme  decisión  de que esto no vuelva a pasar; lo  celebro infinitamente-se empiezan a arreglar los problemas reconociéndolos-, pero el daño   ya está perpetrado, y si el nuevo Señor Alcalde quiere realmente cumplir con el espíritu desprendido de lo manifestado por él mismo en la prensa local-“el Festival de Cante Grande Fosforito” es en sí mismo un acontecimiento cultural y turístico de primera magnitud en Andalucía. Vamos a seguir trabajando para impulsar su difusión, para destacar su calidad año tras año, y lo queremos hacer convencidos de que constituye un pilar fundamental de nuestra apuesta por la cultura y el turismo en Puente Genil. En él queremos depositar una parte importante del valor de la marca Puente Genil como ciudad”- muy atento, junto a su equipo, debe estar el año próximo con  esta  incompresible problemática que está provocando, en el mundillo del flamenco , que Puente Genil sea el HAZMERREÍR de aficionados y artistas tirando por los suelos el buen nombre labrado con mucho esfuerzo, a lo largo de tiempo, por personajes como “El Tenazas”, “El Seco”, Perico Lavado o la actual  Llave de Oro del Cante.  Por supuesto que no le culpo directamente,  ni a su Concejal de Festejos-la nefasta empresa de sonido del año pasado ha sido sustituida ipso facto por otra-,de tan  lamentable situación, pero sí deben  tomar buena nota  de “tan tamaño desaguisado” y,  si se me permite el consejo, “proscribir sin die a esta empresa de nuestro festival”-observará el lector que utilizo los mismos términos del año pasado, ¡qué triste!-, apostando decididamente por una empresa y técnicos fiables cueste lo que cueste. Los aficionados,  Puente Genil como enclave fundamental en la historia del cante y los artistas contratados-este año  se ha apostado por gente muy joven con unas ganas enormes de demostrar su valía  y “licenciarse” en esta complicada plaza flamenca-no se merecen esto. Perdonadme, estimados lectores, por tan pesada perorata, pero mi pasión por Puente Genil y  la manifestación artístico musical que lo ha encumbrado por todo el mundo me han obligado a no pasar por alto esta contumaz situación. En fin, no hurguemos más en la herida, toquemos madera y confiemos de cara a futuras ediciones, visto lo visto-¡qué remedio!-, en la Providencia.

Sin más dilación, vayamos a lo realmente interesante, aclarando antes que todo lo que sigue  a continuación sobre la valoración artística de los cantaores nace de  mi subjetividad más absoluta producto tanto de mis humildes conocimientos sobre el cante como de mi propias afinidades estéticas. No pretendo sentar cátedra ex profeso ni nada por el estilo, únicamente compartir, con mis limitaciones, una opinión más sobre el proceder del elenco de artistas   encima del escenario. Artistas-David Palomar, David Pino, Marina Heredia, La Lupi, Julián Estrada y Arcángel- fieles, a mi entender,  a la nueva concepción jonda del cante actual  pero dentro de una, como muy bien señaló en el acto de presentación del festival celebrado a finales de julio, como es tradicional, en las incombustibles Bodegas Delgado de Puente Genil, el presentador Juan Ortega, “evolución responsable” del cante. Una evolución marcada por la introducción de nuevos elementos musicales-instrumentos de cuerda y percusión, nuevos acordes  y afinaciones de la guitarra(esto se conoce como scordatura o “técnica de los ascensores”  y ya era utilizado a comienzos del siglo pasado por Ramón Montoya en su rondeña de concierto), presencia de coros y complejas combinaciones rítmicas- y por la mezcolanza de estilos en un mismo corte,  que debe respetar, desde mi punto de vista, para merecerse el calificativo de “responsable” ,los aspectos históricos, estéticos, musicales y psicológicos  mínimos de los diferentes estilos flamencos. Está claro que el cante flamenco, como fenómeno artístico/musical, ha estado siempre sujeto, a lo largo de su historia, a un constante mestizaje  de estilos y elementos musicales-eje: el compás abandolao procede del bolero, el ritmo binario de los tangos de músicas afroamericanas, cantes como la farruca o garrotín proceden del folklore del norte de España….-, pero siempre dentro de unos límites -eje: a una toná no se le debe poner percusión de baterías o cajones con elaboradas combinaciones rítmicas, los abandolaos tienen un ritmo ternario muy definido que no puede ser sustituido por un binario, en la soleá, por su idiosincrasia antropológica, sobra la percusión y un tempo alegre-inquebrantables. Estos límites en ocasiones son traspasados, y me parece, desde un punto de vista musical- no flamenco-, bien, pero que no nos intenten,   las casas discográficas o los  repentinos y sospechosamente  FLAMENKITOS cargos políticos a dedo,  vender gato por liebre presentándonos a artistas como Diego El Cigala o Pitingo como los abanderados del nuevo flamenco. Estos, de momento, nos están ofreciendo un rico e interesante producto musical que, a mi humilde entender, en absoluto puede ser considerado arte flamenco. Por lo tanto, y ya termino con este siempre controvertido asunto-la dicotomía tradición /modernidad ha sido una constante en la historia del cante; recordemos las palabras en los venerables, para el cante,  años 60 de la centuria pasada de Antonio Mairena:”el cante no está bien. Los que rezan como grandes figuras y ganan dinero(por cierto, me suena a la disputa actual entre la Asociación de Artistas Flamencos y la Junta de Andalucía) lo hacen a costa de una jerga, de una mezcolanza que ya no se sabe lo que es”-, EVOLUCIÓN  SÍ- ahí está  el caso de Don Antonio Chacón, figura respetada por todas las tendencias de aficionados que con su genio creativo  se atrevió a modificar y crear sobre algunas melodías de la época dando lugar a buena parte de los estilos flamencos hoy conocidos- PERO DENTRO DE UN ORDEN. A este respecto, y sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo con el maestro “Fosforito” cuando afirmó en el acto de presentación del festival “soy de los que piensan que no se le debe poner límite a la creación”, una aseveración, imagino,  motivada  más por su   nombramiento de presidente del Consejo Asesor de Expertos de la Agencia Andaluza del Flamenco  que por lo que realmente piensa y siente.

 El festival, por los problemas apuntados, comenzó cerca de las 23:00 horas, es decir, media hora más tarde de lo previsto, con un acertado y merecido homenaje póstumo-ya se le hizo uno hace unos años- a la figura del cantaor  Enrique Morente. El acto, muy sencillo, consistió en una-SUPONGO-interesante semblanza de la obra del maestro granadino por parte del presentador con la presencia de todos los artistas, comandados, como no podía ser de otra manera, por la auténtica alma mater de nuestro festival, Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, para pasar a continuación  a una grabación por tonás del maestro. Y digo bien “supongo” pues, por los susodichos problemas ya comentados, desde mi, no tan lejana, posición no la pude escuchar, para rubor e irritación respetuosa-sólo se percibían, para más inri, en un silencio sepulcral, los goles del Madrid/Barcelona de las casas colindantes-de todos los presentes. Después, un breve recordatorio del repentinamente fallecido Moraíto Chico, genial guitarrista jerezano y preclara figura del compás y musicalidad de Jerez, dándose paso al primer cantaor de la noche. Antes de ir a él, una breve reflexión sobre Enrique Morente. La condición humana es muy dada a reconocer unánimamente el valor personal, profesional o artístico de las personas una vez desaparecidas. Morente, no ha sido una excepción; desde su fallecimiento  el pasado mes de diciembre sólo he escuchado loas y reconocimientos de todos los sectores del cante, lo cual  me parecería bien si no fuera porque algunos de esos sectores que, repito, ahora los están adulando hasta extremos cercanos al pelotismo más acuciante y pegajoso, en vida del maestro cuestionaron, erróneamente, su validez artístico/flamenca (“yo tengo dos formas de cantar: una para la escena y otra para mis reuniones. En el teatro, el cante puro, el que no tiene truco, ese no es comercial. Pero óigame bien ahora, yo le hago el cante grande al completo. Manolo Caracol dixit) argumentando su inclusión profesional en el hecho musical dando rienda suelta a su innata capacidad creativa. Es evidente que todo lo que hacía el maestro no era flamenco, pero es innegable que cuando se ponía a cantar, como decimos los aficionados, por derecho, era único-ni más ni menos que el promotor de la ortodoxia más acérrima, Antonio Mairena, dijo de él en la década de los 60 del siglo pasado: “un caso diferente es el de Enrique Morente, que hace un cante futurista, intentando marcar la línea de lo que puede ser el flamenco de mañana. Puede ser así y no ser, pero al menos trabaja con honestidad”-, y para muestra esa joya flamenca grabada  para la posteridad, homenajeando a Don Antonio Chacón. Con esto lo único que solicito, con todos mis respetos, es coherencia; uno tiene derecho, faltaría más, a considerar que un artista no tiene calidad, pero no a cambiar, a modo de bíblica reconversión, de la noche a la mañana solamente por el fallecimiento del mismo. Pasemos a los artistas.

Abrió  la noche el joven cantaor gaditano David Palomar, junto a la guitarra rítmica y vanguardista de Ricardo Rivera, acompañado  de Anabel Rivera y Diego Montoya a las palmas. Y nada más salir-¡ya estamos!- un nuevo batacazo de la megafonía: solicitud del propio David de un micro en condiciones para sus palmeros. Salió valiente y sin complejos haciendo unas bulerías de Cádiz-chuflillas las llamó-acompañándolas con sus propias pataítas, demostrando, a un público poco acostumbrado a estas cadencias  envueltas por la gracia que sólo Cádiz imprime a sus hijos, sus buenas maneras para ser un digno sucesor de los ecos y maneras de cantaores como “El Beni” o Chano Lobato. A continuación cambió de tercio con unas seguiriyas  dejando claro su  capacidad, que sólo los elegidos tienen, para pasar de pronto, sin disminuir el nivel artístico, de la alegría al dramatismo más profundo. Prosiguió con unas magníficas alegrías de Cádiz, en las que la guitarra acompañante introdujo sones de jazz en forma de falsetas;  unos rítmicos y artísticos tanguillos; terminando su actuación, tras  regresar a petición del público, con unos preciosos fandangos naturales del Rubio. Buena actuación la de David, a pesar de la paupérrima megafonía-qué mal se oía la guitarra-, resuelta con gran profesionalidad. Espero verle por aquí con más asiduidad.

Continuó  su tocayo pontanés David Pino con la extraordinaria y académica guitarra de Gabriel Expósito. Y lo hizo, también de manera valiente y fiel a su bendita costumbre de recuperar cantes un tanto olvidados, con unos  Caracoles- cantes creados por Chacón  de dificilísima complejidad melódica-  siguiendo, a mi entender y salvando las distancias, los ecos  dejados por el propio Morente  en el trabajo discográfico señalado con anterioridad. Prosiguió, con su voz atenorada y rajada, con unas malagueñas seguidas, en un acertado alarde de innovación creativa muy personal, por  bamberas- primero sin compás, a modo de acompañamiento por fandangos que solía interpretar la Niña de los Peines,  y luego con un compás brioso por soleá creado para este cante por el legendario guitarrista Niño Ricardo y perfilado, con posterioridad, por Paco de Lucía- rematándolas por soleá por bulerías. Cambió de tercio con unas impresionantes seguiriyas- le costó finalizarlas con la variante de Manuel Molina- desprendiendo conocimiento de sus entresijos melódicos, adecuados cambios de intensidad en los tercios, sentimiento y profesionalidad a raudales.  Y finalizó  por bulerías, alterando  clásicas y  acancionadas, dedicadas con justicia al incombustible Rafael Sánchez, personalidad crucial en el mundo de la música de Puente Genil en los últimos treinta años. No obstante, y a petición del público, regresó  con una tanda de fandangos. En definitiva,  buena la  actuación de David ante su pueblo.

En tercer lugar, el escenario se transformó en una aureola de exótica belleza ante la   arrebatadora presencia de la granadina Marina Heredia. Madre mía, qué artistaza tenemos en ciernes. Si la suerte le acompaña y mantiene las ideas claras, estamos con total seguridad ante una potencial leyenda del  arte flamenco. Y es que la voz de Marina simboliza, con permiso de la actual señora del cante jondo Carmen Linares, la elegancia personificada en una apoteósica simbiosis entre la delicadeza y el dramatismo. Dulce lamento, a mi entender, es la mejor definición de su cante; un cante deslumbrante primero por alegrías, mostrando sus dos acompañantes-Reyes Martín y Jara Heredia- un perfecto acople y sensibilidad en los coros. Un cante bien elaborado por malagueñas seguidas por fandangos del Albaicín-versión ligera de los de Frasquito Yerbabuena-. Un cante paciente, muy personal y experto en los cambios de intensidad, por soleares de Triana. Un cante rítmico  ajustadísimo a compás en unos tangos recordando a Morente y con matices de Camarón. Y un cante espontáneo y desenfadado por fandangos, con la guitarra-bien templada durante toda la actuación-de Luis Mariano   fuera de micro  recibido por un aficionado con el grito “sin micrófono se oye mejor”. Me ahorro los comentarios.

Para cerrar la primera parte salió  la bailaora malagueña “La Lupi” con su grupo que, según me contaron al final del festival, estuvo majestuosa por alegrías, verdiales  y serranas. Y digo “según me contaron” porque, quizás en el momento más álgido de mi “megafónica” indignación auspiciado por el anterior comentario del aficionado, abandoné mi escucha activa para abordar, a modo de frustrante catarsis, con varios aficionados el lamentable espectáculo que Puente Genil estaba dando al mundo del flamenco. Prometí más arriba, estimados lectores, no hurgar más en la herida, pero me es imposible; a día de hoy, diez días después del festival, mi malestar continúa indemne y, mucho me temo, seguirá igual como mínimo, eso espero, hasta la edición del  año que viene.

Tras el obligado y, para mí, monotemático- ¡megafonía, megafonía, megafonía…!-descanso, apareció sobre el escenario nuestro paisano Julián Estrada  junto a la deslumbrante guitarra de Manuel Silveria. Llevo haciendo la crítica del festival en estas páginas tres años, y como muy bien sabéis, siempre he sido muy exigente con Julián. Pues bien, por fin quedo totalmente satisfecho de  su actuación. A Julián siempre le he valorado sus impresionantes facultades  además de la riqueza musical imprimida a sus cantes, pero también le he criticado firmemente su obsesión con  el ropaje armónico y rítmico, su falta de espontaneidad e improvisación y su escasa variedad de repertorio. En esta ocasión, sin embargo, actuación redonda. Cantó como siempre- afinación perfecta, compás ajustado, conocimiento de los cantes y voz muy impostada- pero añadiendo  gusto, espontaneidad y diversidad. Con estas premisas interpretó  unas bellas  tonás campesinas; peteneras con gran sentimiento y adecuados bajos; soleá de Alcalá, luchando incansable y delicadamente en sus tercios; cantiñas, alternando alegrías y mirabrás;  fandango y abandolao  de Frasquito Yerbabuena,  en un preclaro compás por bulerías y, para finalizar, unos fandangos personales provocando el éxtasis del público asistente que no quería que se fuese. Por cierto, muy  bien acompañado en todo momento  por las palmas  de los también pontanenses, Jesús Zarrias, Jorge Vílchez y Encarna López.

Y para terminar, apareció-a priori, el plato fuerte de la noche-Arcángel con la majestuosa guitarra de Miguel Ángel Cortés y los armonizados coros de los hermanos Saavedra. Y digo “a priori”  porque para mí, y a posteriori, lo fue Marina Heredia sin discusión. No es que estuviese mal este magnífico cantaor onubense de voz superaguda  y afinadísima, pero por momentos no lo vi muy a gusto  y centrado sobre el escenario  como por ejemplo en la malagueña de Chacón. No obstante cumplió a la perfección, demostrando, pese a su juventud, muchas tablas y saber estar. Comenzó cantando, haciendo alarde de sus facilidad melódica y acusado barroquismo, soleá por bulerías; pasó a la mencionada malagueña; continuó con unos frescos tangos muy preciosistas; unas alegrías de Cádiz alternadas con las  de Córdoba con un gusto exquisito terminando, ante la insistencia del público, con unos fandangos de su tierra.

En definitiva, y para concluir, queridos amigos, un gran festival flamenco desde el punto de vista artístico, enturbiado, amarga y vergonzosamente, por la megafonía  que, pese a la terrible situación económica dominante, ha sabido mantener su nivel de calidad tradicional con una joven pléyade de artistas representantes de la actual tendencia en el cante flamenco. Esperemos, por el bien del cante, continúen con esta línea sin olvidar, eso sí, los fundamentos básicos de este arte nuestro  universal nombrado recientemente  Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Innoven, creen, indaguen sin miedo, pero  dentro de unos límites. ¿Qué sería de este arte si Antonio Chacón, Antonio Mairena o nuestro  “Fosforito” se hubiesen dedicado, únicamente, a repetir obsesivamente las melodías de sus respectivas épocas? ¿Qué sería de este arte si, abandonando el género flamenco,  hubiesen recorrido solamente el fácil  y superficial camino de lo comercial? Dos preguntas, cuyas acertadas respuestas dan la clave del tan deseado equilibrio.        UN SALUDO A TODOS   

Álvaro de la Fuente Espejo
                                                                                                    


viernes, 24 de febrero de 2017

        SOBRE EL “MEMBRILLO DE ORO”…

El pasado 7 de marzo se presentó una nueva edición del Membrillo de Oro, un evento asentado definitivamente en el circuito de los concursos flamencos de nuestro país. Consideramos todo un acierto que el Ayuntamiento de Puente Genil continúe apostando por él; es una manera estupenda de dotar a nuestro pueblo de enjundia flamenca y ambiente jondo en estos meses previos al verano. Este año, en contra de lo que ha venido sucediendo en estas últimas cuatro ediciones, un servidor dejará de colaborar en el mismo. El Equipo de Gobierno del Ayuntamiento ha considerado, en el ámbito de sus competencias, oportuno, impregnar con -según me dijeron- “otro aire al concurso”. Decisión, como no podía ser de otra manera, muy respetable; el gestor político tiene el derecho, y deber, de cambiar y mejorar aquellos proyectos que considere oportuno. Entra en el sueldo que le pagamos entre todos. Lo que no comparto ni, por supuesto, respeto, son las formas a las que han recurrido para comunicarme dicha decisión. A ver si me explico bien; que esta perorata no parezca una rabieta producto del ego o similar.
Honestamente, siento que, después de seis años -los dos primeros de asesor de flamenco (y ya sabéis, mis fieles lectores, cómo acabé…)- trabajando, ALTRUISTAMENTE, codo con codo, con el concejal de turno, me he ganado el derecho, cuanto menos, a otras formas y maneras, no a una simple, hueca y escueta llamada telefónica a última hora, carente de cualquier atisbo de respeto y consideración. A mi entender, se debe mostrar, aunque solo sea por cortesía, un poquito de decoro y elegancia con aquellas personas que, insisto de manera desinteresada, colaboran con las instituciones locales con el único objetivo de servir a su pueblo.  Este malestar lo he manifestado en las redes sociales, y soy consciente de que ya jamás, por lo menos mientras gobierne el actual Equipo de Gobierno -es bien conocida la consigna política de que “el que se mueva, no sale en la foto”-, me llamarán pa na, ingresando en el honroso grupo de los Proscritus Sine Die, mas me importa un pimiento. No estoy en el Flamenco, gracias a Dios, para hacer ninguna carrera, ganarme las habichuelas, abrazar farolas o mendigar favores, llamando desesperadamente a las peñas, llorando a los ínclitos representantes o haciendo la rosca a los políticos. Continuaré, que no quepa la menor duda, disfrutando y trabajando por el Flamenco de mi pueblo desde distintos foros (prensa local en sus diversas vertientes, redes sociales, Onda Cero, mi blog, mi colegio, mi peña Frasquito, Escuela de Saetas…), como siempre: sin estar al abrigo de la clase política, ni rendir vasallaje a nadie, con el único límite de mi conciencia.  Seguramente, de hecho ya lo están celebrando, mi BOLSILLO, mujer e hijos agradecerán esta nueva situación. ¿Aceptaría, en un futuro, una propuesta de colaboración flamenca del Ayuntamiento de mi pueblo? Que nadie lo dude, mas con la mano por delante para que se valore el trabajo. Se acabó el ser el único en el Puente Genil Flamenco que no pasa por taquilla al trabajar para el Excelentísimo.
                                                                                             





                                                                                 SALUDOS FLAMENCOS

martes, 21 de febrero de 2017

FOSFORITO: EL GENIO PONTANÉS DE LA MUSICA


(Dedicado con todo mi afecto al maestro Carlos Ledermann, por su quijotesca lucha, al otro lado del charco, para la consideración  artístico musical del Flamenco).    
             

                  (Estatua realizada por el joven escultor e imaginero pontanés Jesús Gálvez Palos)                               


      Todavía son muchos los que, a esta altura de la película jonda, en sus reflexiones y divagaciones flamencas, establecen una clara distinción entre cante y música, entre cantaores y músicos. Cómo si el Cante Flamenco no fuese más que un sentimiento primitivo, desprovisto de los instrumentos, técnicas y materiales- sonoros, literarios y expresivos- imprescindibles para convertirlo, a través de un proceso vivencial e intelectual, en uno de los ARTES MUSICALES más asombrosos creados por el ingenio humano. Una creencia emanada desde el propio mundo del Flamenco -aficionados, artistas, flamencólogos e intelectuales anquilosados en la prehistoria flamenca-, como consecuencia de una visión, interesadamente, sesgada e ignorante, producto de una época e ideología, desgraciadamente, aún no superadas.  Circunstancia que, junto a otros factores, continúa imposibilitando el reconocimiento-social, cultural…- que este singular ARTE MUSICAL merece en este país.  Un reconocimiento ganado en buena lid por centenares de artistas flamencos -cantaores, guitarristas y bailaores- gracias a su talento natural, cualidades, sacrificio, esfuerzo y dedicación.  

      Nos viene a decir, más o menos, el refranero popular aquello de que “si quieres que te quieran como eres, quiérete y acéptate primero a ti mismo”; bien, pues empecemos, de una vez, los flamencos a querernos tal y como somos, a reconocer y valorar en su justa media este increíble ARTE MUSICAL que custodiamos. Será el primer paso para, sobre todo aquí en España, situarlo en el lugar debido. Una magnifica manera de comenzar, sin duda, sería considerar a las figuras más sobresalientes de este ARTE MUSICAL como lo que son: GENIOS DE LA MÚSICA. Así, sin más, pero sin menos. Si, por ejemplo, de manera aleatoria, en cualquier localidad andaluza, les preguntara a cien personas por cinco genios universales de la música, estoy seguro que la inmensa mayoría no irían más allá de los consabidos Mozart, Beethoven, Enrique Caruzzo, Lous Amstrong o Michael Jackson. ¿Dónde quedarían -les volvería a preguntar- los Chacón, Antonio Mairena, Pastora, Pepe Marchena o Fosforito? En el supuesto- esa es otra- de que los conozcan, no dudo de que me espetarían algo así como que “ah bueno, claro, pero esos son cantaores…”. Es decir: que sí, que son genios, pero del Flamenco, NO de la música.

      Toda esta perorata, estimados lectores, viene motivada por mi interés en hablaros del maestro Fosforito, tras concluir un año de múltiples y diversos reconocimientos con los que en Puente Genil le hemos honrado, como lo que realmente es: un genio universal de la música. Un genio que, como tantos otros, no lo tuvo nada fácil en sus comienzos. Para muestra, el contenido de esta entrañable misiva- recuperada por el musicólogo gallego Faustino Núñez el pasado mes de junio- enviada por el maestro al Ayuntamiento de Córdoba en 1956 para poder concursar en el Concurso Nacional de Arte Flamenco, que supuso el comienzo definitivo de su alzamiento en los altares de los más grandes del Cante:




 “Antonio Fernández Díaz, domiciliado en Pósito 4, Puente Genil, solicita del Excelentísimo Ayuntamiento de Córdoba, dieta que le permita desplazarse a dicha capital para formar parte en el Concurso Nacional de Cante Jondo, ya que carece de los medios económicos suficientes para el caso, acompañando testificado que así lo acredita expedido por el Ayuntamiento de Puente Genil.
Es gracia que espero alcanzar de ese excelentísimo Ayuntamiento”.
                                                                                               ANTONIO FERNÁNDEZ


      Mas vayamos, para situarnos, por partes, y veamos las definiciones, proporcionadas por el nada sospechoso Diccionario de la Real Academia Española, de arte, música y genio:  

-ARTE: Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

-MÚSICA: Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegremente, ya sea tristemente.

-GENIO: Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables.

      Atendiendo a estas definiciones, qué duda cabe que el Cante Flamenco es un ARTE MUSICAL. Es una actividad humana (no surge, misteriosamente, de razones incorpóreas o troncos negros del faraón) mediante la cual se interpreta (se canta) lo real (vivencias, experiencias, sentimientos…) con recursos lingüísticos (letras) y sonoros (melódicos, armónicos y rítmicos) de la voz humana y/o de los instrumentos, produciéndose, conmoviendo la sensibilidad (la pasión), deleite, ya sea alegremente (Alegrías o Bulerías) o tristemente (Seguiriyas o Soleares). Asimismo, de GENIOS habrá que calificar a aquellos de sus protagonistas (cantaores) con la capacidad extraordinaria y adecuada para crear o inventar cosas nuevas y admirables. Y Fosforito, indudablemente, es uno de los escogidos genios del Cante, y, por ende, como acabamos de explicar, de la MÚSICA. ¿En qué capacidades extraordinarias ha destacado el maestro? ¿Qué cosas nuevas y admirables ha creado o inventado en el Cante, es decir, en la MÚSICA? 

       En primer lugar, en Fosforito ha confluido dos dimensiones muy claras que fundamentan su genialidad. Por un lado, unas extraordinarias cualidades y calidades cantaoras, y, por otro lado,  una formación intelectual, forjada de manera autodidacta, que lo ha convertido en todo un erudito en el conocimiento del Arte Flamenco desde diversas perspectivas: la histórica, la musical y la literaria.

           En segundo lugar, Fosforito es quizás el más completo cantaor de todos los tiempos. No conozco a un cantaor de su categoría que haya grabado tantos, y variopintos, estilos de cantes de una manera tan sobresaliente. Si echamos un vistazo a su increíble y extensa discografía- por cierto, a ver cuándo la Junta de Andalucía se rasca el bolsillo y la edita completa, con el correspondiente análisis didáctico - observamos que aparecen la amplia mayoría de los cantes, con sus variantes, representando toda una enciclopedia jonda de la que obligatoriamente debe beber todo aficionado y artista que se precie. Con sus Malagueñas, Granaínas, Bulerías, cantes de Levante, Seguiriyas, Soleares, Tonás, Tangos, Fandangos, Cantiñas, Peteneras, Abandolaos, Bamberas, Villancicos, Serranas, Livianas, Garrotín, Farruca, etc…, nos encontramos ante un increíble, y sin parangón, patrimonio musical jondo para el disfrute de toda la humanidad. 

         En tercer lugar, hablar de Fosforito es hacerlo de un músico superdotado. Es hablar de música elevada a la enésima potencia, de OBRA MAESTRA, como lo atestigua su afinación milimétrica, su memoria musical inacabable para retener innumerables y complejas líneas melódicas, su impresionante sentido rítmico y su exhaustivo conocimiento de la guitarra y, por tanto, de la armonización de los cantes. 

        En cuarto lugar, no ha habido en la historia del Cante un cantaor con el ajustado equilibrio entre calidad musical y expresividad de Fosforito.   El Cante, además de interpretarlo con calidad desde un correcto dominio de los parámetros musicales -afinación, ritmo y dicción-, hay que saberlo expresar, transmitir, y en esta difícil conjunción, a mi entender, es el más grande. Todo su cuerpo -gestualidad corporal, manera de sentarse en la silla (en la puntita, queriendo dominar el escenario desde el primer minuto)- y elegantísima vestimenta, el maestro lo ha puesto al servicio de la transmisión jonda, creando una estética muy, pero que muy personal, desconocida hasta que él apareció.  
  
         Y en quinto lugar, debemos destacar su creatividad, su aportación personal al acervo musical del Cante Jondo. Gracias a su peculiar concepto melódico/rítmico de la interpretación musical, observamos un punto de inflexión en cantes como:  la Soleá -con su inigualable recreación de los estilos Apolaos-, las Cantiñas -con esa vitalidad rítmica y melódica que le aportó-, la Petenera, el Taranto, el Villancico Flamenco y, cómo no, en nuestro querido Zángano. Es decir, el maestro engrandeció y mejoró, como si tuviese una barita mágica, todo lo que tocó. 

       A todo esto, hay que añadir que el maestro es  la actual Llave de Oro del Cante, el máximo galardón y reconocimiento que el mundo del Flamenco otorga a sus protagonistas. No soy muy amigo de este premio; si analizamos su historia, nos encontramos con circunstancias claramente turbulentas y muy cuestionables, que lo devalúan considerablemente. No obstante, hay cierta unanimidad-algo rarísimo en este complejo mundo- entre artistas, aficionados e intelectuales en considerar a esta Llave como la mejor dada. A don Antonio Fernández Díaz Fosforito no se le entregó, hace unos años, La Quinta Llave de Oro del Cante en una juerga flamenca, por amiguismo, por una estrategia previamente fijada para encúmbralo artísticamente o por motivos políticos, sino, ante todo, por sus cualidades cantaoras e impecable trayectoria artística.  


Concluyo con una reflexión dirigida a mis paisanos, fundamentalmente a aquellos que, cansinamente, ponen el grito en el cielo en las redes sociales cada vez que se menciona al maestro, cuestionando, sin argumento alguno, su calidad artística y pontaneísmo. Con relación a lo primero, ha quedado sobradamente explicado en este artículo -solo hace falta corroborarlo con un buen oído y muchísimas horas de escucha-; añadir, lo orgulloso que me siento como pontanés de que uno de mis paisanos sea uno de los más grandes y universales GENIOS DE LA MÚSICA. El Flamenco, a ver si nos enteramos de una vez por todas, es un ARTE MUSICAL de primera magnitud y de la misma categoría- así es apreciado en países culturalmente muy fecundos y activos como EEUU, Inglaterra o Francia- que la Música Clásica, el Jazz o el Bel Canto.   Con relación a lo segundo, soy muy claro -y generoso- : reto -invitando a una suculenta cena o almuerzo en Casa Pedro (santuario gastronómico pontanés) a quién me lo demuestre- a que alguien me presente un escrito, recorte de periódico, grabación, etc…, en el que Fosforito reniegue de su amado Puente Genil. Los interesados en degustar, de gañote, la exquisita cocina de nuestro ilustre Pedro, enviadme, por favor, la prueba del delito a alvaropeman@hotmail.com .     
                                                                             

                                                                               SALUDOS FLAMENCOS
                                                                         Álvaro de la Fuente Espejo




                                                       (Soleá Apolá de Fosforito)




                                                                (Alegrías de Cádiz)






                                                          (Zángano de Puente Genil)



martes, 14 de febrero de 2017

   “APUNTES SOBRE LA SAETA FLAMENCA”





Para un investigador no hay más dicha que encontrar la posibilidad de publicar lo poco o mucho que, con más o menos acierto, va aprehendiendo tras enorme esfuerzo, dedicación y constancia. Un servidor, como bien sabéis un sencillo currante de las cuestiones jondas, experimentó hace año y medio esa dicha cuando, de manera absolutamente inesperada, se le presentó esa posibilidad de la mano de un prestigioso investigador y flamencólogo: Gregorio Valderrama Zapata. Así, el año pasado, por estas mismas fechas,  tuvimos el honor de participar en la presentación de su libro “Apuntes sobre la saeta flamenca”, en el que hemos colaborado con un estudio musicológico sobre nuestra genuina saeta cuartelera.

Con Gregorio Valderrama nos encontramos ante un estudioso perteneciente a la Nueva Flamencología, es decir, aquella que, no centrándose exclusivamente en la intuición y leyendas románticas, utiliza el método científico y la rigurosidad como elementos articulares de su praxis.  El mismo Gregorio lo deja muy claro en las páginas de su libro: “Algunos de los que en este momento dedicamos nuestro tiempo a la investigación del flamenco no deseamos contar leyendas tabernarias; pretendemos hacer públicas noticias veraces de hechos que sucedieron sin alterar en lo más mínimo la realidad, fuera esta cual fuera[1].  De formación autodidacta en todas sus variantes artísticas, sus inquietudes abarcan desde la investigación gráfica y musical hasta el coleccionismo discográfico primitivo, pasando por sus otras facetas creativas como las de autor, compositor, poeta y cantaor flamenco. Perteneciente por línea directa a la familia Valderrama -es sobrino de Juan Valderrama-, ha publicado varios trabajos acerca de la relación entre la música tradicional y el flamenco, el género andaluz teatral del siglo XIX, la saeta primitiva y la importancia de los medios gráficos de investigación sobre la copla popular andaluza y el flamenco.

En “Apuntes sobre la saeta flamenca” descubriremos un manual imprescindible para conocer de manera fidedigna el apasionante mundo de la saeta. Gregorio ha sabido condensar en poco más de doscientas páginas  la historia de esta bella forma musical emanada de numerosos datos  contrastados.  No se limita a imaginar o intuir como suelen hacer la mayoría de estudiosos que se han acercado al análisis de esta peculiar forma de nuestra música tradicional y popular, sino a describir su historia EXCLUSIVAMENTE a partir de   múltiples referencias literarias, valiosísima documentación procedente de la prensa y partituras que Gregorio ha ido descubriendo y acumulando tras varios años de búsqueda y reflexión.   Además, nos propone una muy sugerente hipótesis con relación a la tan controvertida génesis melódica de la saeta antigua, ofreciéndonos sorprendentes datos sobre la influencia del teatro, el cine, los concursos y la discografía antigua en la transformación de esta singular forma musical en saeta flamenca, situándonos a Málaga como bastión ineludible en el proceso de expansión de esta última. Con relación a lo primero, Gregorio propone varias partituras[2] de saetas antiguas-Eduardo Ocón (1874), Francisco Rodríguez Marín (1883), Rafael Calleja (1911), Joaquín Turina (1923), Eduardo Martínez Torner (1923 y 1928), Hernando J. Obradors (1940) entre otros- señalándonos su extraordinaria semejanza, en su modelo melódico primigenio, con una composición procedente del primitivo culto gregoriano-Ego Propter-, una pieza que se cantaba cuanto menos desde el siglo X , en conmemoración de la Pasión de Cristo durante la Semana Santa.  Y con relación a lo segundo, Gregorio destaca la importancia que el tan discutido concurso de Granada de 1922 tuvo en la evolución flamenca de la saeta, destacando cómo empezó, a partir del mismo, a incluirse en gran número de zarzuelas, óperas, sainetes, películas, ocupándose  músicos y autores de gran renombre.  Aparecieron además concursos de saetas por una gran cantidad de ciudades españolas tan diversas como Toledo, Murcia o Reus. Asimismo, se impresionaron cientos de saetas en placas discográficas que, año tras año, se repetían en los cines en lo intermedios y durante las proyecciones, en los principales cafés, en las barberías, salones y domicilios particulares. En múltiples ocasiones se ofrecieron a la vez proyecciones de cine, concursos y saetas por profesionales, como demuestra Gregorio a través de algunos carteles de óperas flamencas. Es decir, lo que nos viene a decir, y demostrar, Gregorio, es que el proceso de profesionalización, y por tanto de aflamencamiento de la saeta, no se debió únicamente a las cofradías religiosas de determinadas ciudades andaluzas que buscaban cantaores cualificados que las interpretasen  ante sus imágenes los días de Semana Santa con el objeto de realzar sus salidas procesionales , sino también  a todo este proceso de, por denominarlo de alguna manera, espectacularización  de la saeta en diferentes ámbitos y foros. ¿Quién dijo que la saeta sólo se ha cantado en Semana Santa y en un contexto religioso? Os dejo un dato revelador,  descubierto por Gregorio que puede levantar ampollas entre aquellos sectores del flamenco que siempre han considerado a Sevilla y/o Jerez, y sus cantaores, como los  primeros creadores  de la saeta flamenca. Gregorio aporta la fecha, de momento,  más antigua  en la que se interpretó una saeta flamenca. Ocurrió en el Teatro Príncipe Alfonso de Madrid, en 1880,  de la mano del cantaor flamenco malagueño Antonio Ortega Escalona “Juan Breva”  durante la representación de la comedia teatral “Diego Corrientes, el bandido generoso”[3].  ¿En el Madrid de 1880,  un cantaor de la tan denostada Málaga,  en una representación teatral sobre la vida de un bandolero,  cantando  una saeta flamenca?  Ahí es nada….  

En cuanto a nuestra colaboración, Gregorio me la justificó por la conveniencia de complementar su trabajo con el estudio de una de las saetas antiguas que gozan de mejor salud en la actualidad. Además, incidió en que nuestro trabajo estaba bien enfocado al basarse en el aspecto, incomprensiblemente, menos estudiado, es decir, en el musical. Y creemos, honestamente, que no le falta razón; el enfoque histórico de una FORMA MUSICAL es indiscutiblemente necesario, mas claramente insuficiente si no va acompañado de una perspectiva MUSICOLÓGICA que lo sostenga. Nuestra aportación se fundamenta en demostrar, con más o menos acierto,  a modo de HIPÓTESIS y utilizando las herramientas  ofrecidas por  la Musicología -transcripción, análisis melódico, metodología comparada-, la evolución musical que la saeta cuartelera ha experimentado desde que, según todas las  aportaciones históricas a las que hemos  tenido acceso, los hermanos Hierro la recrearan  en la década de los años 20 del siglo pasado.  Producto de esta evolución es que hoy en día- es una OBVIEDAD-  en nuestra mananta tenemos dos ESTILOS DIFERENTES -lo demostramos como hay que hacerlo:  con partituras y correspondientes análisis-  de saeta cuartelera: el estilo “apostolado”, mayoritario y con sus diversas VARIANTES (Juan Hierro, “Balilla” …), y el estilo de “El Pelícano”, minoritario y que, en su funcionamiento melódico básico, sería el heredero directo (¿posible variante?)  del que se cantaría en la mananta antes de la intervención de los hermanos Hierro, es decir a finales del siglo XIX y principios del pasado, circunstancia, a mi entender, mas que suficiente para considerarlo   una joya musical que debemos conservar.   Esta conclusión hipotética no es gratuita y producto de nuestra fantasiosa y advenediza imaginación; insisto, se fundamenta, sobre una base histórica,  a partir del análisis técnico de la música de la saeta cuartelera: su desarrollo melódico, intervalos, carga melismática y amplitud tonal. Análisis que aparece en este estupendo trabajo de Gregorio Valderrama.

Concluyo con una breve consideración con relación a los términos ESTILO y VARIANTE, que consideramos prioritaria  para entender lo anteriormente expuesto sobre  nuestra saeta cuartelera. No debemos confundir “estilos” con “variantes”. Un estilo aparece determinado por unas características musicales muy concretas, es decir, por un comportamiento melódico básico, presente en todas sus posibles variantes. Las variantes son reinterpretaciones de un estilo, es decir, aportan matices diferentes, mas sin salirse de ese comportamiento melódico básico. Eje aplicado al flamenco: la soleá Apolá es un estilo concreto de soleá, y sus variantes son las reinterpretaciones que hacen de él algunos cantaores- Enrique Ortega, Ribalta, Paquirri, “Fosforito”… -que, por sus cualidades, han sido capaces de aportar matices musicales y expresivos diferentes, pero sin abandonar la  arquitectura musical básica del estilo apolao, caracterizada por  importantes saltos melódicos, gran amplitud tonal, extenso arco melódico e intensos recorridos ascendentes y descendentes sobre la escala.  En nuestra saeta cuartelera encontramos, como hemos afirmado más arriba, dos estilos básicos, con diversas variantes en uno de ellos. Queda pendiente, no obstante, un profundo y más detallado análisis estilístico de la misma.

                                                                                   SALUDOS FLAMENCOS 
                                                                           Álvaro de la Fuente Espejo                                                                                                                                                  

[1] Pág. 134.
[2] En contra de lo que todavía se piensa en ciertos sectores de la Flamencología, la mayoría de ellos por cierto sin conocimientos musicales, la saeta antigua también es MÚSICA, y como tal se puede transcribir en un pentagrama. Es una forma musical diatónica, es decir, carece de los denominados cuartos de tonos, construyéndose exclusivamente a partir de tonos y semitonos,  permitiendo así  su transcripción con el lenguaje musical convencional. Cualquier músico estará de acuerdo con lo que aquí se afirma.
[3] Pág. 84

                                   
                                      (Vídeo de la presentación de "Apuntes sobre la saeta flamenca")

domingo, 5 de febrero de 2017

CUENTO DE CUARESMA por Álvaro de la Fuente Espejo


  
CUENTO DE CUARESMA[1]

(Cómo no…, inauguro, en este tiempo precuaresmal, mi blog saludando a la Saeta Antigua de Puente Genil, es decir: la Saeta Cuartelera. Y lo hago con un talante un pelín travieso, quizás atrevido, con sentido crítico y, claramente, por qué no decirlo, reivindicativo. Reivindicativo -ya no tengo abuela-  de mi trabajo, mis desvelos y pasión por el cante y mi pueblo. Con “CUENTO DE CUARESMA”, debo confesar, me lo he pasado pipa, sintetizando y poniendo orden a varios años de estudio, con objeto de aclarar -uno tiene su corazoncito-, de una manera cercana, directa, valiente mas honesta, ciertos bulos y leyendas que circulan por la tan deseada, entrañable y compleja  mananta pontana. El que te lo creas -no olvides, se trata de un cuento- depende de ti. Si me lo permites, un consejo del refranero que algunos no han sabido, podido o no les han dejado captar:  "que los árboles no te impidan ver el bosque").



            Érase una vez, en uno de los más bellos, semanasanteros y flamencos pueblos de Andalucía, un joven e ilusionado Maestro de Música, además de apasionado a las tradiciones de su tierra y al Arte Flamenco, que decidió compartir, públicamente, sus reflexiones en torno a la modalidad de saeta que en dicha localidad se conservaba.  El pueblo se llama: Puente Genil; el joven maestro: Álvaro; y la saeta: Cuartelera, saeta única en su género y enseña musical de la mananta, término con el que se conoce a la Semana Santa de esta singular villa de la campiña cordobesa. 

          A nuestro querido protagonista, a Álvaro, se le presentaba una tarea muy difícil y, en cierta manera, peligrosilla. "Muy difícil", al proponerse desentrañar musicalmente -algo que nadie antes había intentado- esta bella forma musical exclusiva de La Puente, entrando en un terreno complicado para aquellos sin conocimientos musicales. Y "peligrosilla", porque Álvaro tenía muchísimo miedo a equivocarse al tratarse de una población con grandes aficionados al cante, a la saeta y conocedores de la música. Mas Álvaro, con muchísima ilusión, valentía, honestidad, respeto y talante pedagógico, decidió, con el insistente y sincero apoyo de una extraordinaria personalidad de Puente Genil -el eternamente recordado Carlos (q.e.p.d)-, tirar para adelante y publicitar sus reflexiones,  tanto en la revista de Semana Santa, editada cada año por la Agrupación de Cofradías, como en la revista El Pontón, ambas dirigidas, en aquel entonces y de manera encomiable, por el mencionado Carlos. 

            Así, cada año -durante ocho consecutivos- nuestro amigo Álvaro comentaba, les explicaba, sin más pretensión que la de cultivar una de sus inquietudes, a sus paisanos, algunos aspectos, todos ellos musicales, de nuestra querida Cuartelera: su estructura y evolución musical, sus fundamentos musicológicos, sus estilos y variantes, sus posibles orígenes musicales, etc. Durante todo este tiempo, Álvaro recibió numerosas felicitaciones de aquellos paisanos que, gracias a él, descubrieron una nueva dimensión de la saeta Cuartelera, entendiéndola muchíííííiísimo mejor; no hay que olvidar que, hasta ese momento, todo lo que se había escrito, y dicho, sobre la misma, era desde la imprescindible perspectiva histórica. Asimismo, Álvaro recibió críticas, circunstancia que comprendió al momento, acostumbrándose con naturalidad. El que comparte sus ideas, de manera pública y, sobre todo, escrita, con relación a alguna temática, está expuesto a la opinión, favorable o desfavorable, de quienes las leen a partir de sus propias perspectivas y conocimientos.

         No obstante, a lo que jamás se acostumbró Álvaro  fue a las críticas perpetradas con malicia y sin dar la cara. A él -todos sus escritos los presentaba firmados y como HIPÓTESIS abiertas a la revisión permanente de plumas más doctas- le hubiese encantado que aquellos que se mostraban en desacuerdo con él, considerando "una barbaridad sin consistencia alguna" sus argumentos, saboreando, bien una uvita, durante una noche de Sábado de Romanos[2] en un rinconcito del pórtico mientras el pueblo le rendía pleitesía a su Patrón, bien una cervecita, en alguna de las cálidas terrazas de Puente Genil, se lo hubiesen expuesto mirándole a los ojos  y, así, entre todos, llegar a conclusiones más fiables para conocer mejor este genuino himno musical de la sin igual Semana Santa pontana. Álvaro, que cada año que transcurría se enfadaba enormemente por esta situación, jamás, a pesar de algunos momentos difíciles, se amilanó,  manteniendo  incólume su interés por divulgar la Cuartelera. 

          Hete aquí que un buen día, no quedándole ya ni pizca de esperanza en confrontar, de manera abierta y directa, sus opiniones, con alguno de esos paisanos disconformes, encontrándose, alrededor de las una y media del mediodía de un Sábado de Romanos, degustando un buen Tertulia[3] en El Eugenio[4], se le acercó un paisano desconocido, llevando consigo un puñado de revistas de la Semana Santa de Puente Genil de los últimos ocho años. Se presentó educada y amablemente, le solicitó permiso para sentarse con él, explicándole el motivo de su, en propias palabras, osadía: su rotundo y sincero desacuerdo con sus tesis en torno a la saeta Cuartelera. No os podéis imaginar, queridos amigos, el sentimiento de felicidad que se apoderó de Álvaro. Lo que llevaba años esperando estaba a puntito de suceder. ¡Por fin!, por fin alguien, con nombres y apellidos, mirándole a los ojos, se disponía a cuestionarle  sus argumentos. Álvaro se pellizcó, creía encontrarse en un sueño. Cuando se percató de su plena consciencia, tuvo la pronta, feliz y atrevida ocurrencia de coger el móvil, llamar a su parienta, alertándole de que no le esperase para el almuerzo. La cosa -la ocasión lo merecía- iba pa largo. Y es aquí, pacientes lectores, cuando comienza la historia de este cuento: el esperado y desenfadado diálogo entre Álvaro y un paisano disconforme, del que utilizaremos, de aquí en adelante, sus iniciales (PD).

                                       ............................................

-PD: Bueno Álvaro, lo primero que tengo que decirte es que no tengo ni pajolera idea de música, pero conozco  bien el mundo de la Cuartelera. Pertenezco a uno de los cuarteles[5] más señeros de Puente Genil, donde se canta muy bien, y en el que siempre hemos luchao por su conservación. También desde siempre, personalmente, me he interesao mucho por este tema, estudiando con atención tus escritos, asistiendo a tus conferencias, siguiéndote en Facebook, en la radio y…


-ÁLVARO: Perdona que te interrumpa un pelín, hombre. Antes de que comencemos, no sabes cuánto te agradezco esto. Te lo digo de corasón. Había perdío ya la esperanza de que alguien de aquí, con buena fe mas también con firmeza -lo cortés no quita lo valiente-, me cuestionase mis ideas. Estaba jartico de tanto comentario por detrás, y encima destructivo, que me trasladaban algunos de mis amigos. Mil gracias, tío, de corazón. Pero venga, empecemos. Espera un momento: ¡EUGENIO!, trae un Tertulia fresquito pa este hermano…

-PD: Uff…, qué rico está este caldo, entra como el agua.  Bueno Álvaro, por favor, no me tienes que agradecer ná. Más bien yo soy el agradesío; creía que no te ibas a tomar con tan buen talante que te cuestionara directamente estas cosas. Sinceramente, y ya que estamos, te lo tengo que decir: yo también he escuchao -al fragor de las uvitas [6], en reuniones mananteras- auténticas barbaridades de algunos sobre ti por este tema: que si eres un "niñato insolente", un "entrometío que no tienes ni idea", que  "tó lo que dices es mentira", esétera, esétera, esétera. Perpetradas, además, con saña, mala leche y cierto resquemor, cosa que no conseguí entender nunca. ¡Joé! ni que esto de la Cuartelera fuese algo de vida o muerte, el Código Civil o la tan maltratada Constitución...Yo siempre, tras un rato escuchando tamañas lindezas sobre ti, sigilosamente, me retiraba porque no quería historias y demasiás comeuras mal intensionás de olla...

-ÁLVARO: (Tomando un sorbo del Tertulia). Pues, qué quieres que te diga…, hacías bien. Pero venga, dejémonos ya de pegos y al toro…

-PD: Pues bien, a ver…Me parece estupendo que analices la Cuartelera de manera musical, ya que considero que ante todo es música. Además, tú lo haces, creo, de una manera muy didáctica, que incluso los que no tenemos ni idea sobre cuestiones técnico/musicales, si prestamos atención, llegamos a entenderlas. Pero quillo, eso del pentagrama…, puff…, no lo veo…

-ÁLVARO: ¿El qué no ves?

-PD: Pues no veo el que digas que es un medio para aprender la saeta, y eso suponiendo que realmente la saeta se pueda escribir en el pentagrama. Ya desía, creo que Glinka -yo también sé algo de cante- que eso no se podía hacer, que la música del cante es imposible transcribirla en un pentagrama.


(Saeta Cuartelera)
-ÁLVARO: (Tras un nuevo sorbo del revitalizante Tertulia). A ver, querido contertulio, es que yo jamás he dicho ni he escrito -te RETO a que me muestres dónde lo he escrito o dicho, ahí por ejemplo llevas mis artículos- que el transcribir la Cuartelera sea pa generar un medio de aprendizaje. Eso es un bulo, supongo que con no muy buena intensión, de personas que, según me cuentan -fíjate hasta dónde llega la maledisensia-, cuando asistían a algunas de mis conferencias ilustradas con pentagramas, tras darme la pertinente y, en su caso, empalagosa enhorabuena, salían por la puerta pregonándolo a quisqui…; recuerdo, incluso, cómo una vez, uno de ellos se lo comentó a uno de mis mejores amigos, jejeje… A ver, la transcripción de una Cuartelera debe servir, fundamentalmente, pa facilitar su análisis musical: ver con más claridad sus caídas melódicas, cantidad de melismas, la composición y diseño de sus tercios melódicos, sus saltos melódicos, etc., con el objetivo de conocerla mejor, na más. La Cuartelera, como forma musical popular y de transmisión oral, no necesita, para su aprendizaje, el pentagrama. Se aprende de oído -como siempre, y tan grandes resultaos ha dao, se ha hecho- por el método de ensayo/error, y si es en el entorno del cuartel, muuuucho mejó. Es de Perogrullo. Fíjate en lo que escribí en la revista de la Semana Santa de 2013, concretamente en las páginas 30 y 31. Cógela,  y lo leemos juntos.

-PD y ÁLVARO: “Antes de pasar al análisis quisiera dejar claro un principio para mí irrefutable como músico y humilde investigador de la saeta: la utilización del pentagrama a la hora de recoger la forma musical de una saeta debe de tener un fin únicamente CIENTÍFICO. Su empleo como medio de transmisión y enseñanza CARECE DE SENTIDO   debido a la especial idiosincrasia de este género que provoca que una misma saeta jamás sea repetida de manera idéntica por sus intérpretes naturales”.

-PD: Vale, vale, tío, me quea claro. Joé…, tengo que leerme mejor las cosas y no hacer tanto caso a las palabrerías de la gente. Pero, ¿y en lo que decía Glinka? Respetando tus conocimientos musicales...., estarás conmigo que Glinka -cosa que tú…ya sabes...- es una eminencia y uno de los más grandes compositores de la Historia de la Música.


-ÁLVARO: A ver, es que eso no lo dijo Glinka, eso no fue así. Te explico. El compositor Mariano Vázquez Gómez, biógrafo del guitarrista granadino Francisco Rodríguez Murciano El Murciano (1795-1848), dejó escrito, textualmente, lo siguiente: “El célebre músico ruso Mikhal Glinka pasó una larga temporada en Granada, y uno de sus encantos de viajero era estarse horas enteras oyendo a nuestro Rodríguez Murciano improvisar variantes a los acompañamientos de rondeñas, fandangos, jotas aragonesas, etc…, que anotaba con cuidadosa persistencia el compositor ruso”. Ahora bien, es cierto que Glinka fracasó en su intento de anotar las variaciones e improvisaciones del Murciano, pero fue porque cuando le pedía a éste que repitiera la melodía, para asegurarse de lo escrito con anterioridad, como tocaba de oído (carecía de conocimientos musicales formales), jamás volvía a tocar la misma exactamente igual, por lo que el genio ruso se jartó  y lo dejó por imposible. Pero no porque no se pudiesen transcribir los sonidos en el papel, sino por la incapacidad del Murciano de hacer una misma melodía, de la misma forma, dos o tres veces seguías. Ya lo advertí en una de las revistas de Semana Santa que ahí llevas, concretamente en la de 2010, cuando escribí -es esa que está ahí, pásamela un momento-, en la página 30: “Todos sabemos que una pieza de música tradicional, cuya transmisión es oral, nuca se interpreta dos veces de forma exactamente igual”. Por otro lado, estudios -con sus transcripciones- y cancioneros de música popular los hay: antiguos -esto de la transcripción de música popular, también la flamenca, no es una invención de ahora como una vez escuché a un flamencólogo por la radio- y modernos, en donde se reflejan, en pentagrama, las diferentes melodías y sonidos de nuestros cantes. Te pongo unos cuantos ejemplos: Eduardo Ocón y sus Cantos Españoles de 1874, Felipe  Pedrell con Los cantos flamencos de 1900, La rondeña-malagueña de anteriormente señalado Francisco Rodríguez Murciano de 1845, El Potpurrí malagueño de Julián Arcas de 1875, y así podríamos seguir con las obras de otros folcloristas como Isidoro Hernández, Inzenga, Federico Liñan, Manuel del Castillo, Buenaventura Íñiguez, Oscar de la Cinta, Juan Parga, Tomás Damas y muuuuuuuuchos otros. Además, y centrándonos en algo más cercano, el mismísimo Agustín Aguilar y Tejera, en la segunda década del siglo XX, en su imprescindible, y citada por todos los estudiosos, obra Saetas, transcribió numerosas saetas, concretamente de Sevilla, Marchena y Cabra. Una obra reeditada hace, creo, siete años por el cuartel de La Corona de Jesús al que pertenece mi buen amigo Javi; por cierto, director de El Pontón, y también un persona importante pa mí, por su incondicional apoyo para continuar con esta apasionante tarea. ¿Todavía, querido amigo, piensas que la sencilla música de la Cuartelera no se puede plasmar en un pentagrama?


("Saetas" de Agustín Aguilar y Tejera)
-PD: Pues ya, con las evidencias irrefutables que me has mostrao...., ¡claro que no! Yo es que me he guiao en esto, por lo que dicen y escriben algunos ilustres flamencólogos. Qué engañao estaba… Pero es que también....¡tengo tarea!..., bueno, ¡tenemos!,  aquí en Puente Genil, tarea. Dudando de esto, cuando un servidor, por eje, precisamente asistió al acto de presentación en La Corona de ese libro que mencionas -el cual tengo en mi casa, y que, por cierto, todavía no he leído…-. ¡Ahora!, ahora sí que recuerdo muy bien cómo se dijo, además mu claramente, que aparecían saetas escritas en pentagramas…

-ÁLVARO: Bueno, no pasa ná hombe, nunca es tarde si la dicha es buena. Te recomiendo que lo leas con mucha atención, es una joya. Por cierto, con relación a eso que me dices sobre lo “que dicen y escriben algunos ilustres flamencólogos"..., me imagino el perfil tan actualisao de los mismos… Prosigamos.

-PD: Muy bien. Pero en lo que sí creo que te equivocas, y aquí me lo tendrás que reconocer, es cuando hablas de la saeta de Los Apóstoles como un estilo serrao, único…

-ÁLVARO: Perdona…, ¿cómo?

-PD: Sí, sí, lo afirmaste en una de las revistas. Y ya sabes, ¡es imposible!, esa saeta la cantaban de diferentes formas Juan Hierro, su hermano Manuel, El Balilla, Antonio Muñoz Reina, José Rivas Quintero…


                              (Saetas  Cuarteleras interpretadas en el cuartel de "Los Apóstoles": Miguel                                                             Martín, Perico Lavado, José Rivas Quintero y "El Balilla")

-ÁLVARO: Espeeera, y no corras. A ver. Coge la revista de Semana Santa de 2013 y ábrela por la página 27. Lee, por favor, a partir de la décimo séptima línea de la tercera columna.

-PD: Voy…: “Cuando hablamos de un estilo de saeta cuartelera, por favor, no se entienda una forma musical cerrada y milimétricamente ajustada -algo imposible en la música popular de transmisión oral-, sino un COMPORTAMIENTO MELÓDICO BÁSICO abierto a reelaboraciones interpretativas, que es lo que lo define”. Bueno, bien, y con esto…¿qué me quieres decir?

-ÁLVARO: Espeeeera, y no te impacientes. Ahora, en esa misma revista, vete a la página 24, casi al final de la segunda columna, y lee a partir de la palabra “dando”.

-PD: Mare mía, que pechá de leer me voy a pegar hoy. A ver…, aquí está: “…dando lugar al denominado Estilo de Los Apóstoles definido -lo veremos con más detenimiento- NO como una forma musical cerrada, sino como un comportamiento melódico de unos rasgos muy específicos”. Pues qué quieres que te diga, sigo sin enterarme…


-ÁLVARO: Bueno, te cuento. Nuestra saeta Cuartelera, como una forma popular de transmisión oral, no es uniforme, es decir, cada intérprete le imprime su huella a partir de sus condiciones vocales, momentos de inspiración y otras circunstancias. El estilo conocido como de Los Apóstoles o Apostolao, que fue el que, de acuerdo al eminente Luis Melgar, comenzó a surgir a partir de los años 20 del siglo pasao con la intervención de Juan y Manuel Hierro, representó toda una evolución de nuestra saeta. Los hermanos Hierro, cantaores flamencos de nivel, le imprimieron, como bien sabes, rasgos flamencos, la hicieron dialogá, más rica en melismas, más larga…, en definitiva, generaron, a partir de un estilo más austero y cercano al resto de saetas antiguas de Andalucía y que sería el que se cantaría en la mananta antes de la intervención de nuestros ilustres personajes, una forma más atractiva que en el cuartel de Los Apóstoles -Juan Hierro mantuvo gran relación con dicha corporación (llegó, creo, a ser hermano) y Manuel perteneció a la misma durante muchos años- encontró a otros intérpretes con cualidades (algunos ya los he señalao antes) idóneas para cultivarlo, siendo la forma que, poco a poco -insisto por ser más atractiva-, se fue imponiendo en todas las demás corporaciones. Ahora bien, y como acabas de leer en mis propios escritos, NO es una forma musical cerrada, es un comportamiento melódico básico, abierto a las interpretaciones individuales, pero con unos rasgos comunes: más larga, con mayor profusión de melismas, con saltos melódicos, con tercios más agudos…Rasgos comunes que son los que determinan o definen su estilo.

(Juan Hierro)
-PD: Bueno, a ver si me he enterao. Entonces me estás diciendo que las saetas que cantaban los hermanos Hierro, El Balilla, los Miguelones con sus hijos y, ahora también, sus nietos, etc. -todas ellas diferentes- tienen en común esos rasgos musicales que mencionabas antes -y que más o menos yo aprecio de oído-, que fundamentan el conocido estilo Apostolao o de Los Apóstoles, y que  es, como perfectamente nos damos cuenta los que tenemos oído y/o sabemos cantar, el que se canta hoy en día en todas las corporaciones que configuran la mananta. Todavía recuerdo cómo aprendí, junto a algunos hermanitos de mi grupo, a cantar esas saetas con dos cintas de casette con el título Semana Santa en Puente Genil, a través de las voces de los, precisamente, ya mencionaos: Juan Hierro, José Rivas Quintero, El Balilla o los hermanos Martín, curiosamente todos ellos protagonistas del estilo Apostolao. Nos íbamos, siendo niños, al cocherón de alguno, poníamos el radio casette y ¡hala!, a escuchá y a cantar, a escuchá y a cantar, y así hasta que salía más o menos bien…Pa que luego digan que la saeta se lleva en la sangre…

-ÁLVARO: La labor de ese trabajo que mencionas, como medio de divulgación y aprendizaje de la Cuartelera, fue importantísima.  Centenas de mananteros, los que ahora estamos ya en los cuarenta  pa’rriba,  le debemos nuestra formación  saetera. Se meresería, desde luego, un artículo…Pero volviendo a lo nuestro, veo que lo vas cogiendo.

-PD: Maaare mía, Álvaro, por qué no habré venío yo antes a hablar contigo pa quitarme la empaná mental que tenía con este tema…, y mira que he leío tus artículos. Lo que no entiendo es cómo, a fin de cuentas yo soy un simple afisionao, extraordinarios cantaores de cuarteleras e incluso muchos de ellos buenos conocedores del cante, de aquí, no han sabío darse cuenta de todo esto, continuando, machaconamente, erre que erre, cada vez que echamos un rato.

-ÁLVARO: Ya sabes, querido amigo: la ignorancia o desconocimiento, la soberbia, la envidia o la manida maledisensia…, o un totum revolotum. No hay más.

-PD: Quillo, son las seis de la tarde, seguimos tomando Tertulia, y esta noche tenemos cuartel para la correspondiente visita al Patrón. Traía más cosas…; si quieres lo dejamos, nos vamos pa la casa a echá una cabesá, y ya otro día, con más tiempo, hablamos de la saeta del Pelic…

-ÁLVARO: ¿Cómooooooo? Ni mijiiiiiiiita, ya que estamos pringaos, nos tiramos al río…Además, esto de la saeta del Pelícano me está dando muuuuuuchos quebraderos de cabeza, y a ver cuándo te voy a pillar yo a ti otro día. Pidamos otro Tertulia, llamemos, como Dios manda, a las parientas pa decirles que ya no nos esperen, que nos enganchamos pa nuestro ritual de esta noche en el cuartel, y que sea mañana lo que El Terrible quiera…

(Tras brindar, efusivamente, con los dos Tertulias que el bueno de Eugenio les trae y con el grito “Viva el Viejo Pelícano” que enseña Álvaro a su contertulio -es lo suyo-, continúan nuestros dos protagonistas con la animada charla)

-PD: Pues prepárate que ahora viene lo gordo..., además, te lo voy a soltar, ya que estoy envalentolao, tó seguío, de una vez y sin miramiento alguno.




-ÁLVARO: Dispara.

-PD: Creo que fue en la revista de 2013 -espera…, es ésta-, cuando escribiste ese extenso artículo titulado La Saeta del Viejo Pelícano.

-ÁLVARO: Así es, sobre la Cuartelera de mi grupo, al que pertenezco desde 1991.  En aquel año, ingresamos en el Viejo Pelícano un buen puñao de niños que de pronto nos vimos compartiendo mesa, sentimientos, poesías, cánticos y saetas con personas de 70 años.  Fue una experiencia increíble.

-PD: Ya, me imagino, pero bueno, a lo que iba. Cuando escribiste este artículo, lo leí con muuuuucha atensión, pareciéndome muy interesante. Pero luego me han ido convenciendo (Álvaro no puede evitar emitir una leve y suspicaz sonrisa) de que el mismo es una burda mentira, producto de tu imaginación e ignorancia -o las dos cosas-, y con errores garrafales. Te inventas la historia del Pelícano como grupo, sobre todo sus orígenes y lo que apuntas con relación a su proceso de reorganización en los años 70. También te equivocas en eso del estilo del Pelícano; eso, Álvaro, es una invención  tuya, ya que saeta Cuartelera, SÓLO HAY UNA (Álvaro reprime una carcajada). Y en el caso hipotético de que existiera una saeta del Pelícano o un estilo del Pelícano -llámalo como quieras- no sería una creación de ese grupo. Y, además, pretendiste sentar cátedra con dicho artículo presentándolo como algo incuestionable y, encima, con sierta arrogansia. Perdona que te sea tan franco tío, pero así es cómo lo veo.

-ÁLVARO: (Con complaciente paciencia, Álvaro coge de nuevo la copa y se toma, al culeto, un nuevo Tertulia que acababa de traer Eugenio). Macho, te habrás queao descansando. Pero no pasa ná…, me va la marcha. Comencemos por lo último, si te parece.

-PD: (Nuestro ínclito amigo, con aire triunfal y brindando por la victoria -ahora sí que creía que había dejao a Álvaro planchao y en fuera de juego-, cogió la copa de Tertulia y, al igual que Álvaro, se la trincó del tirón). Tú mandas.

-ÁLVARO: A ver. Éste es un tema que, honestamente, creo que algunos no lo han entendío muy bien, o, a lo mejor, yo no me expliqué bien cuando lo expuse en su momento. Pero vayamos por partes. En primer lugar, sobre lo que dises de que presenté el artículo como “algo incuestionable y con cierta arrogancia…”, abre, por favor, la revista por la página 22.

-PD: Quillo Álvaro, no empesemos otra vez, que no tengo más ganas de leer…

-ÁLVARO: No me seas flojo, hermano. Si me estás cuestionando cosas que escribí hace unos años, vayámonos directamente a ellas y así saldremos de dudas. Además, pa eso has traío las revistas, ¿no?

-PD: Es verdad hermano; venga, al lío. Me has dicho por la página 22, a ver…

-ÁLVARO: Vete a la tercera columna y lee el segundo párrafo.


-PD: “Para terminar con esta breve introducción, cuatro aclaraciones.  En primer lugar, como mera  HIPÓTESIS habrá que considerar  todo lo relacionado con  los orígenes de la Saeta. En segundo lugar, con el objeto de facilitar la comprensión de este estudio, haré uso continuo de la reiteración de contenidos y argumentos.  En tercer lugar, lo aquí escrito, EN ABSOLUTO, ES DEFINITIVO. Cualquier análisis de una  forma de música de tradición oral está sometido a la  revisión permanente producto de nuevos hallazgos y plumas más docta”. Bueno, ya, pero…

-ÁLVARO:  Espeeera…Continúa leyendo por el tercer párrafo hasta finalizarlo.

-PD: “Mi intención, estimados amigos, no es pontificar -¡Dios me libre!- ni sentar cátedra. Únicamente, como reza el Himno del ‘Viejo Pelícano’ -Primer Grupo de “Capiruchos” del Santo Entierro y María Santísima de las Lágrimas-: ‘En su pecho cada hermano lleva la fiel voluntad de ofrecer y dar la mano a toda la humanidad’, es decir, ‘la fiel voluntad de ofrecer’ mis cortos conocimientos y ‘dar la mano a toda la humanidad’ compartiéndolos con el pueblo de Puente Genil. Sólo ruego a mi Jesús yacente en el Santo Sepulcro ‘dame tu fuerza y tu mano y enséñame la verdad’ “.


(Autor: David Gámiz Cosano. Según la mitología, el pelícano devolvía la vida a sus hijos muertos hiriéndose a sí mismo y rociándolos con su sangre. Cristo, como el pelícano,  abrió su costado para salvarnos alimentándonos con su sangre. Es por ello que el pelícano aparece en el arte cristiano, en tabernáculos, altares, columnas, etc.)

-ÁLVARO: ¿De verdad crees, querido amigo, que, con estas declaraciones de intenciones expresadas, claramente, al comienzo del artículo, se me puede achacar, a mí, arrogancia o animo de infalibilidad con eso que dices de “presentándolo como algo incuestionable”? No me contestes y lee, otra vez, esos párrafos.

-PD: (Coge de nuevo el Tertulia -ya no con la efusividad de antes-, le da un buen y pausado trago, y los lee otra vez). Visto así…, joé, es que no sé qué decirte. Está claro.

-ÁLVARO: Muy bien. Vayamos a lo siguiente. Me dices, también, que me invento “la historia del Pelícano como grupo, sobre todo sus orígenes y lo que apuntas sobre su proceso de reorganización en los años 70”. ¿Es así?

-PD: Así es.

-ÁLVARO: ¿Y en base a qué me discutes esto? ¿Conociste quisá a los viejos del Pelícano? ¿Has hablao con ellos de su historia? ¿Tienes o tuviste algún familiar o amigo que perteneció a dicho grupo y que domine bien el tema?

-PD: Qué va, qué va. Na de eso. Si te soy sincero, prácticamente conocí de la existencia de tu corporación, a raíz de tu artículo, antes ni idea. Además, ya te he dicho que cuando lo leí  me pareció muy bueno y fundamentao, pero que después…: que si Fulano, cuando fui a su cuartel de invitao, me dijo esto; que si Mengano, en una de las exaltaciones de la saeta, lo otro…, en fin, ya sabes, al final termina uno, gracias a las uvitas y nuestras cuestiones mananteras -ya me entiendes- creyéndose tooooo lo que le dicen…De todas formas, ¿te inventas o no te inventas toooooas esas historias de tu corporación que señalas en tu artículo?

-ÁLVARO: (La paciencia de Álvaro se ve fortalecida con un buen sorbo del fresco Tertulia). Antes de contestarte, decirte que El Pelícano -a ver si nos enteramos ya de una vez- NO es una corporación bíblica, sino un Grupo de Capiruchos, un grupo pa alumbrar. Así ha sío desde que empezó, así nos lo inculcaron nuestros hermanos mayores, y así, a mucha honra, continúa siéndolo. Eso de las figuras…, pufff…, con la buena Semana Santa que pasamos -disfrutando sin agobios de todas las convivencias, yendo a todas las salidas, encierros...-, con la única, que no es poca, responsabilidad de alumbrar, el Sábado Santo, al Santo Entierro, evitándonos los follones de los turnos, horarios, multas, en fin, ya sabes…Además, que figuras ya hay muchas, tanto de las bíblicas como de las otras, jejejej, y hacen falta en la mananta muuuuuuchos nazarenos pa alumbrar. Pero no nos desentremos  del asunto. A ver. Todos los datos históricos que apunto en el artículo, ni proceden de un cuento, ni de mi fantasiosa imaginación, ni de mi ineptitud. Proceden de una revista, de una publicación, coordinada magistralmente por mi hermano David y editada en 1997 con motivo del XXV Aniversario de la Reorganización, en la que TESTIMONIAMOS las vivencias de nuestros HERMANOS MAYORES, aquellos que, en la década de los 30 del pasado siglo, fundaron este singular cuartel. En la misma se recopilaron recuerdos, poesías, curiosidades, fotografías  y copias de actas, aportándose los datos históricos que se señalan en mi artículo, CORROBORADOS por el testimonio directo de nuestros mayores. Datos imprescindibles para entender la génesis y desarrollo de la saeta del Pelícano. Cuando quieras, vienes a mi casa, y le echamos un vistaso.



-PD: Quita, quita, no hase falta. No seré yo quien ose a cuestionar las vivencias de esos venerables hermanos. Además, con la contundencia, pasión y respeto con los que te me estás expresando, es difícil dudar de tu palabra. Me parece que me estoy empezando a dar cuenta, un poco, de muuuuuuuchas cosas que pasan en nuestra querida mananta…De toas formas ("vuelve la burra al trigo"), eso de la saeta del Pelícano…, NO se sostiene. Esa saeta no existe, y si existe, NO es una creación de tu grupo como tú dices.

-ÁLVARO: Bueno, a ver. ¿En qué queamos entonces? ¿Existe o no existe? Me parece que lo tuyo es llevarme la contraria porque sí, sin más. Te han calentao bien la cabeza…

-PD: Si te soy sincero, yo ya no sé qué pensar. Acláramelo tú, por favor…

-ÁLVARO: Vayamos por partes. Verás, conviene tener claro que yo no fui el primero en Puente Genil en hablar de la saeta del Pelícano como una forma o estilo peculiar de saeta. Recuerdo que cuando ingresé en el grupo, como te he dicho antes a principios de los 90, nuestros hermanos mayores continuamente nos hablaban de la misma. Y, además, la primera vez que escuché a mi hermano Eduardo -el pobre falleció en Madrid hace unos meses a los ochenta y siete años- me di cuenta, rápidamente, de que su saeta no era cómo las demás….

-PD: ¿Eduardo? No me digas que era ese señor, con gafas, bigote y pelo plateao, que, durante muchos años, en el encierro del Santo Entierro, cantaba una Cuartelera rarísima…, bellísima, pero diferente…Recuerdo cómo una vez, incluso, le metió seis tersios. Fue algo increíble.

(Eduardo Muñoz Cruces)
-ÁLVARO: Efectivamente, ése es. Junto a Paco, al que no llegué a conocer, los grandes cultivadores de la saeta Cuartelera del Pelícano. Pero antes de hablarte de él, quisiera aclararte lo que te dije antes. Yo no fui, se pongan cómo se pongan, el primero en hablar y escribir sobre esta saeta o estilo. Por ejemplo, en la revista de la que te he hablao antes, la que editamos en el 97 con motivo de la reorganización del grupo, ya se hablaba de esta saeta o estilo. Si no recuerdo mal -espera, que lo voy a mirar en el móvil (fíjate qué previsor, ante un espontáneo interrogatorio como éste…)-, dice así: “La saeta del Pelícano tiene personalidad y es, por su calidad y expresión, una de las más señeras. Las saetas del Pelícano serán siempre un estilo, un referente; un espejo en que mirarse y, sobre todo una fuente donde beber tradición y arte”. En este sentido, recuerdo que hace unos dos o tres años, en una de las exaltaciones de la saeta -creo que la que se celebró en el Teatro Circo con motivo del 50 Aniversario de las Agrupación de Cofradías- en la que participó El Pelícano, uno de los hermanos del cuartel de La Judea, que, por cierto, canta fenomenalmente y es uno de los  más grandes aficionados  al Flamenco que tenemos en Puente Genil, cuando  escuchó a uno de mis hermanitos cantar la saeta del Pelícano, le dijo que esa era "la saeta Cuartelera auténtica", y que "así la deberíamos de cantar todos". Casi na, ¿eh?

-PD: No me jodas, tío… Pero entonces, esto de calificar a la saeta de tu grupo como “un estilo”, como “un referente”, ¿no es idea tuya, ni tú lo escribiste por primera vez? No me lo puedo creer….

-ÁLVARO: Si no me crees, subo un momento a mi casa y te enseño la revista. Vivo ahí al lao…

-PD: No, no, sí te creo. Lo que no me puede creer es que te hayan a ti engatusao una cosa de la que ya se hablaba -a ver… ¿de qué año era la revista de Semana Santa de tu artículo…? ¡ah, sí! del 2013- na más y na menos que veintidós años antes… Por cierto, con esto que me estás diciendo, ahora me acuerdo de una cosilla. También he escuchao hablar de esta saeta o estilo en los mismísimos Apóstoles. Fue un Jueves Santo que me llevaron de invitao, creo que fue hace diez o doce años.

-ÁLVARO: Es decir, unos años antes de que yo lo hiciese en mi tan discutido artículo, jejeje

-PD: Sí, sí. Y recuerdo cómo hablaban de Eduardo y de un tal Paco como responsables principales de dicho estilo de saeta. Un estilo al que, por lo que persibí, allí le tienen mucho respeto y consideración. También hablaban de un tal Manolo, le llamaban algo así como El Ruiseñor del Pelícano; desían que cantaban una saeta muy difícil.

(Manolo Cosano Logroño"El Ruiseñor del Pelícano")
-ÁLVARO: Claro, mi querido y entrañable hermano Manolo. ¡No he tenido yo conversaciones con él sobre sus recuerdos y vivencias…! Gracias a las mismas -tengo incluso publicado en un Pontón una entrevista que le hice, que guardo grabada en DVD como oro en paño-, escribí el año pasado, en la revista de Semana Santa, un artículo sobre su saeta, una saeta, en contra de lo que se piensa, que no tiene naaaaa que ver con la saeta del Pelícano. Su saeta, podemos decir, es una versión o recreación muy personal del estilo de Los Apóstoles.

-PD: Sí, lo recuerdo bien. Por cierto, con relación a tu artículo del año pasao sobre la saeta de Manolo, también hay algunos por ahí que me han dicho que lo que dices sobre lo que te contó Manolo es mentira, incluso que esa entrevista nunca se llegó a realizar... Pero tranquiiiiilo, que te creo, que ya sé que me vas a pedir que nos vayamos ahora mismo a tu casa pa escuchar la entrevista…

-ÁLVARO: Volviendo a la saeta del Pelícano, la de Eduardo y Paco. ¿Sigues pensando que no existe?

-PD: Hombre, considerando toooo lo que me has dicho; también mis recuerdos que, gracias a esta conversación, me han venío sobre Eduardo cantando en los encierros del Sepulcro; teniendo en cuenta también lo que me dijeron en Los Apóstoles…, la verdad es que….

-ÁLVARO: Espera, no me contestes todavía. Coge la revista de nuevo y ábrela por las páginas 28 y 29. Como ves, ahí aparecen transcritas cuatro saetas: la de El Seco; dos del Pelícano, cantadas, cada una de ellas, por Eduardo y Paco respectivamente; y otra de Los Apóstoles, interpretada, de manera dialogada, por Manuel Hierro y El Balilla.

-PD: Me parece muy bien, pero pa mí esto es chino. ¿Ves? Aquí está el problema de la utilización de los pentagramas pa esto de la saeta y el cante.

-ÁLVARO: Bueno, bueno, problema depende de para quién. Pa mí, desde luego, ninguno. Aunque comprendo que, en este país, donde la Educación Musical ha estado marginada de la enseñanza obligatoria durante muchos años, sea un problema introducir pentagramas en estudios de este tipo. De toas formas, seguro que tienes buenos amigos que te puedan echar una mano en este sentido. Y más aquí en Puente Genil, tierra de músicos.

-PD: Bueno, déjate de historias. ¿Me las va a tararear o no? Estoy impasiente…

-ÁLVARO: (Álvaro se aclara la garganta con un buen sorbo del Tertulia, y le canta, por lo bajini, las cuatro saetas a nuestro paisano, cada vez, “menos disconforme”). Bueno, ¿qué te parece?


!-PD: Joé macho, pues que es imposible, al no ser que tengas un oído en frente del otro, no reconocer que las saetas que has cantao del Pelícano son diferentes a esta última que has cantao del Apostolao. No tienen na que ver, ¡por Dios! Son más llanas, cortas, sin tantos melismas y dejes flamencos.  Y, además, es muy paresía a la primera, a la del Seco.

ÁLVARO: Así es, tú lo has dicho.

-PD: ¡AjáPero entonces, en realidad, la saeta del Pelícano NO es una creación del Pelícano. A ver. El Seco, y ahora déjame a mí teorisá un poco, nació, creo, en los años ochenta del siglo XIX, por lo que este estilo de saeta, que él lo aprendería, como hace el mundo, de mosalbete, sería, en su forma básica, el que se cantaría en la mananta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. 

-ÁLVARO: Claaaaaro…Pero ojo, cuidadín, es una hipótesis. No tenemos grabaciones de aquella época que lo atestigüe. No me seas, como te dicen que yo soy con estos temas, jejeje.

-PD: (De pronto, nuestro paisano, sin haber escuchado estas últimas palabras de Álvaro y más disconforme que nunca, se levanta triunfante, y llama efusivamente a Eugenio pidiéndole un nuevo Tertulia).  ¡Por fin!, por fin te pillé, colega. Ahora no me lo puedes negar, TE HAS EQUIVOCAO.

-ÁLVARO: (Álvaro, haciendo alarde de una paciencia a prueba de bombas, coge de nuevo la revista y la abre por la página 29).  Cucha , ven pa'cá, siéntate, y abre bien las orejas. Escucha bien: “¿El origen de esta manera de cantar saetas cuarteleras? Creemos que seguramente sería el habitual -en su comportamiento melódico básico- en Puente Genil durante las tres primeras décadas del siglo pasado, como lo corrobora ‘El Seco’ con su saeta. Manera de cantar que, ante la atractiva saeta de los hermanos Hierro -posteriormente    propagada por la corporación de ‘Los Apóstoles’- fue, poco a poco, desapareciendo, aunque no del todo. En el ‘Viejo Pelícano’ se continuó cultivando llegando, incluso, hasta nuestros días”

-PD: ¿Dónde pone eso? Nooooo me lo creo…

-ÁLVARO: Lee, lee….

-PD: (Nuestro impulsivo amigo, frotándose los ojos, no daba crédito a lo que estaba leyendo…;  no obstante, no se daba por vencido). Bueno…, pero entonces, ¿por qué se le llama saeta del Pelícano?


-ÁLVARO: Bueno, eso sería una pregunta pa, por ejemplo, el que lo escribió en la revista de la que hablamos antes editada con motivo del aniversario de la reorganización del Pelícano -con el que, por cierto, estoy plenamente de acuerdo-, o pa los hermanos de Los Apóstoles, a los que, de acuerdo con tus propias palabras, se lo escuchaste decir. Yo imagino que, después de toooo lo que he investigao y de haber compartido, durante muchos años, mesa y vivencias con mis hermanos mayores -lo auténticos protagonistas de toda esta historia-, será porque El Viejo Pelícano, mientras alguien no me demuestre lo contrario, es el ÚNICO cuartel de tooooooa la mananta donde se ha conservao y cultivao este antiguo estilo de saeta, y según me contaron algunos hermanos mayores, DESDE SIEMPRE. Pa escribir el tan manido artículo del que estamos hablando -éste, ni fue fruto de un día, ni producto de una alucinación- recogí el testimonio de los protagonistas -tengo grabadas las conversaciones…, si quieres, ya sabes...-. Así, me preocupé en llamar, por teléfono, a mi hermano Hipólito, ya fallecido, a Algeciras, y al mismito Eduardo, el que la cantaba, a Madrid. Ambos me confirmaron, me aseguraron ROTUNDAMENTE, que tanto Eduardo como Paco, a finales de los años treinta, cantaban esas saetas. Si no me crees, coge la revista y ábrela por la pági…

-PD: Calla, calla…, que ya estoy jarto, no pueo má…  Sabes qué te digo, Álvaro, y ya que es la hora de irnos pal cuartel, que ahora mismo me voy a tu grupo de invitao. Quiero vivir, in situ, el lugar y el ambiente  donde este estilo antiquísimo y genuino de saeta se ha cultivao. También, conoceros a todos, escuchar a los que habéis conservao esta singular musicalidad, y contaros -yo, alguien de fuera- la suerte que tenéis de mantener una saeta única en Puente Genil. Pero antes de tirar pa bajo, echemos otro Tertulia, y brindemos por este bendito encuentro. 

                                         ...........................................


           Al día siguiente, Álvaro se levantó con una sonrisa de oreja a oreja. Hacía tiempo que no sentía tal sensación de sosiego y tranquilidad. ¡Por fin!, por fin había tenido la oportunidad de explicar y aclarar, cara a cara, a uno de sus paisanos disconformes, uno de sus estudios al que tanto cariño, esfuerzo y constancia había puesto.  A partir de ese momento, y tras un tiempo, observó cómo en determinados círculos mananteros, comenzaron a mirarlo de otra manera y, a tratarlo, con otro talante.
             Y colorín colorado, este cuento... ¿SE HABRÁ ACABADO…?

                                                                                SALUDOS FLAMENCOS.
                                                                             Álvaro de la Fuente Espejo


(PD: Mi más sincero agradecimiento a Jesús Berral Rejano, joven y excelente artista pictórico pontanés, por sus increíbles  y conseguidísimas ilustraciones. Jesús, Puente Genil es muy afortunado por tenerte entre sus hijos. Un millón de gracias).

( GRABACIONES:

-La saeta del Pelícano, interpretada por Eduardo Muñoz Cruces, aparace en el minuto 04:04. El resto son saetas de Manolo Cosano:  http://www.ivoox.com/saetas-del-viejo-pelicano-audios-mp3_rf_1802164_1.html

-La saeta del Seco aparece a partir del minuto 06:58: http://www.ivoox.com/2011-04-12-aula-flamenca-la-cuartelera-audios-mp3_rf_612460_1.html )

                                     


[1] CUENTO: Narración breve, oral o escrita, en la que se narra una historia de FICCIÓN con un reducido número de personajes, una intriga poco desarrollada y un clímax y desenlace final rápidos.

[2] Particular celebración de la Cuaresma en Puente Genil. Una vez comenzada ésta, cada sábado por la tarde/noche, los semanasanteros de Puente Genil, rememorando un antiguo viacrucis que se celebraba en la localidad, acuden a las cercanías de la Parroquia de Jesús Nazareno. Allí, en un extraordinario acto de convivencia, rezan e interpretan Cuarteleras y cánticos corales, honrando a la imagen de Jesús Nazareno-popularmente conocido como El Terrible-, el Patrón de Puente Genil.


[3] Excelente vino blanco de Puente Genil, de la Bodegas Delgado. 

[4] Emblemática y acogedora taberna de La Puente.

[5] También conocidos como grupos y corporaciones bíblicas, representan los centros neurálgicos de la Semana Santa de Puente Genil. Son unas casas de hermandad, unas asociaciones con entidad jurídica propia, donde los mananteros se reúnen para, con unos peculiares rituales y convivencias en los que se entremezclan elementos religiosos, artísticos, culturales y profanos, celebrar la Cuaresma y la Semana Santa pontanas.

[6] Pequeñas cantidades de vino.
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