domingo, 17 de febrero de 2019


"LOS ARTISTAS DE AHORA QUIEREN IR DEMASIADO RÁPIDO Y LLEGAR ANTES DE TIEMPO. QUIEREN COBRAR DEMASIADO PRONTO MUCHO DINERO"

(SEGUNDA PARTE de la entrevista al cantaor natural de Guillena (1949) Marcelo Sousa Navas con motivo de su actuación el pasado 27 de octubre en la Peña Frasquito, con la guitarra de Antonio Centenera. Marcelo es un cantaor de la vieja escuela, de los de antes, de los que perciben el cante como un ritual sagrado, incorporándolo en su día a día como actividad vital. Además, demuestra, con valentía y preclara honestidad, una enorme clarividencia y conocimiento en el análisis del pasado y actualidad del arte flamenco, como vais a comprobar. Y por si fuese poco, compartió, durante años, con el gran Antonio Mairena, vivencias y momentos de cante. Un cantaor y tipo que merece muchísimo la pena).


-Álvaro: Marcelo, ¿qué me cuentas de los cantaores actuales, del cante de ahora?

-Marcelo: Hoy en día se están perdiendo las tradiciones, son unos tiempos en donde se va demasiado ligero. No obstante, esta tierra, Andalucía, no va a dejar de echar jaramagos, eso nunca, pero se están perdiendo las formas, los artistas de ahora quieren ir demasiado rápido y llegar antes de tiempo. Quieren cobrar demasiado pronto mucho dinero. Además, la mayoría no aporta nada nuevo, copian demasiado a Mairena, a Caracol..., antes era a Camarón, son imitadores, pero no aportan nada propio. Mira a María Terremoto, se aprovecha porque es hija de, pero está muy verde. Hace algunas cositas muy graciosas por bulerías, pero, por eje, por malagueñas puff..., le queda mucho camino por andar. Ahora que está aquí Frasquito, mira cómo Frasquito ha sonado siempre a algo distinto, a su propio estilo, él le ha dado a su cante su impronta, su sentimiento, y no ha querido ser ni fulano y mengano[1].

-Álvaro:  Bueno, tú que tienes Facebook, y te veo participar mucho, imagino que estarás al tanto de Rosalía y el Niño de Eche.

-Marcelo: Mira, no mucho, a esas personas no le echo cuentas.

-Álvaro: Ya, pero están ahí. Han estado en la Bienal.

- Marcelo: Mira, el Niño de Elche va diciendo mentiras por ahí, dice que ha cantado conmigo en festivales, pero eso es mentira, yo ni lo conozco. Además, si ese hombre canta, entonces los gorriones se van a ir de aquí de nuestro país. Por otra parte, me encuentro en muchos festivales situaciones desagradables. Mira yo no quiero mencionar a nadie, ya que no quiero ir en contra de nadie - suerte pa todos y que a mí Dios no me olvide - pero como suelo, por viejo, cerrar los festivales, escucho de todo; por eje, a muchos cantaores jóvenes ronear delante de los compañeros sobre el número de festivales que tienen contratados, y a mí eso me parece muuu feo, es una falta de ética. No se puede vacilar delante de un compañero, aunque sea verdad, de que tienes muchos festivales, ya que a lo mejor ese compañero tiene muy pocos.  Además, el hecho de que uno tenga más festivales, no quiere decir que cantes mejor que otro. Ya sabes que hoy esto es sota, caballo y rey, y entre unos pocos se reparten [2].

-Álvaro: Y qué me cuentas de los representantes artísticos.

-Marcelo: Está bien que me hagas esa pregunta. Mira, algunos son más tristes que el jilguero al que le falta el alpiste. Ellos acotan los espacios, y si un día cantas en ese espacio, por eje en Málaga, te dicen que le tienes que pagarle la comisión a él, y tú le dices, pero si tú a mí no me has llamado, me ha llamado ese otro señor, entonces ¿qué quiere? ¿qué pague dos comisiones? ¿qué pinto entonces yo aquí? Por otro lado, y me voy a mojar, están compinchaos con los delegados de cultura de los Ayuntamientos, con los políticos, ya que ellos no hacen solo el flamenco, sino también otros eventos, y por tanto aumentan la comisión que se llevan considerablemente. Y yo sé dé casos en los que han metido la mano en la bolsa, y al final nosotros los artistas somos los peores tratados. Fíjate que todavía yo no he cobrado mi actuación de la Bienal, ni me ha llamado nadie. Y esto pasa en todos lados, como en mi pueblo, que me dicen, como decía mi abuela, que me quieren mucho, pero dinero poquito; te tardan en pagar el tiempo de una paría, nueve meses.  En fin, este viento corre por todos lados[3].

- Álvaro: En Mairena del Alcor participas todos los años como jurado de su famoso concurso, junto a Antonio Barberán, Ramón Soler o Faustino Núñez, tres grandes eminencias de la flamencología actual. ¿Cómo te va?

-Marcelo: Verás, no me gusta mucho formar parte del jurado de un concurso, ya que solo queda contento el que gana el primer premio, y los demás se van mu cabreados, y a mí no me gusta llevarme mal con nadie. Por otro lado, cada año hay menos calidad en los participantes. Todo el jurado nos persignamos para que en la primera parte del concurso se presente alguien que haga por lo menos dos cantecitos aseados, pero ni por esas. Calidad no hay. Yo le digo a los organizadores que hagan el concurso bienalmente, pero me dicen que no. Como ahí hay política de por medio, está la Casa del Arte Antonio  Mairena , el Ayuntamiento, me dicen que es algo muy importante para Mairena, y por riles se tiene que celebrar todos los años y el primer premio no se puede quedar desierto.  Y no se dan cuenta de que cuando este concurso lo creó Antonio Mairena hace 50 años, por aquel entonces sí que había calidad y cantidad, pero ya no. Por el concurso han pasado Camarón, Rancapino, Curro Malena, El Lebrijano.., pero hoy, ¿dónde buscamos a esta gente?[4]

- Álvaro: Sabes que soy Maestro de Música. ¿Cómo ves que en la escuela acerquemos el flamenco a los niños? No se trata de enseñarles a cantar, solo tratar de que conozcan esta música.

-Marcelo: A mí me parece muy bien, eso es una labor pedagógica muy importante.   Recuerdo que una vez, la actual ministra Carmen Calvo Poyatos, nos citó en Jerez, cuando era Consejera de Cultura, en el palacio de Pemartín. Yo fue con Chano Lobato, y estaban allí, entre otros, Moraíto y Diego Clavel y nos dijo que la asignatura de flamenco se iba a poner pronto en los colegios.

-Alvaro: Ya, pero eso se ha quedado parado. Ya Calixto Sánchez lo intentó hace muchos años, pero se ha quedado en agua de borrajas. Todo depende de la voluntad individual, del maestro que le guste el flamenco. Yo siempre digo que, si un niño tiene que saber, cuanto termine la escuela obligatoria, quién fue Mozart, ¿por qué no tiene que saber quién fue la Niña de los Peines, Fosforito o conocer a los cantaores de su pueblo?

-Marcelo: Claro, es que eso es más importante. Yo he estado en Alemania, y allí sus músicos son venerados, tienen su sitio en lugares públicos. Y yo siempre digo que esto debería pasar aquí con los nuestros, con Manolito el de María, con Juan Talega... Es muy importante meter a los jóvenes en esta música, ya que son la continuidad. ¡Ojo!, y también a los más mayores, ya que muchos no conocen el cante, van a los festivales y no tienen ni idea, no saben, como dicen los gitanos, istinguí y los cantaores no sabemos que cantarles para que nos entiendan (CONTINUARÁ...)
                                                                                 


[1] Interesantes y, en mi opinión, acertadas reflexiones de Marcelo.  Por un lado, nos alerta de la actitud demasiado habitual entre la mayoría de los jóvenes artistas de querer ganar dinero lo más pronto posible, olvidándose de su formación y adquisición de vivencias imprescindibles para la consolidación y madurez de su propuesta artística. Y, por otro lado, se queja de la escasa originalidad de la misma, una originalidad que en ocasiones buscan, proponiendo una música diferente a la flamenca (eje: Niño de Elche o Rosalía)
[2] Absolutamente de acuerdo con Marcelo. No siempre los artistas más solicitados en festivales y recitales son los que ofrecen una mayor calidad tanto en la forma como en el contenido. Desgraciadamente, son determinantes otros aspectos como los intereses de los representantes, el desconocimiento de los organizadores y el compadreo de gestores políticos.
[3] Lamentablemente, es práctica habitual de las instituciones públicas la excesiva tardanza en el pago de los honorarios a los artistas. Tardanza motivada en bastantes ocasiones por una falta de organización realmente asombrosa.
[4] No le falta razón a Marcelo en el interrogante que plantea. No obstante, es justo señalar que el pesimismo en el cante con relación a la falta de calidad de las nuevas generaciones ha sido una constante histórica. Sin ir más lejos, hace algo más de 50 años, época que Marcelo señala como generosa en calidad y cantidad, la mismísima Niña de los Peines ya nos mostraba su preocupación con relación al futuro del cante.

lunes, 21 de enero de 2019


   " Antonio Mairena solo tenía rivalidad con los que cantaban bien, y sabía que en Fosforito tenía a un gran contrincante"

(Entrevista al cantaor natural de Guillena (1949) Marcelo Sousa Navas con motivo de su actuación el pasado 27 de octubre en la Peña Frasquito. Marcelo es un cantaor de la vieja escuela, de los de antes, de los que perciben el cante como un ritual sagrado, incorporándolo en su día a día como actividad vital. Además, demuestra, con valentía y preclara honestidad, una enorme clarividencia y conocimiento en el análisis del pasado y actualidad del arte flamenco,  como vais a comprobar.. Y por si fuese poco, compartió, durante años, con el gran Antonio Mairena[1], vivencias y momentos de cante. Un cantaor y tipo que merece muchísimo la pena).

-Álvaro: Marcelo, háblame de tu infancia.

-Marcelo: Yo tuve la suerte de nacer en una familia netamente flamenca. Mi madre era cantaora, aunque no fue profesional ya que mi padre tenía una buena situación económica y no le permitió que cantase, porque este mundo estaba muy mal visto en aquella época. Mi abuelo fue guitarrista. Acompañó a Manuel Torre[2] en las cacerías que hacía con don Felipe de Pablo Romero. Este montaba en el coche a Manuel y a mi abuelo, que le tocaba a Manuel cuando cantaba. Mi abuelo, que era carabinero, tenía una pequeña venta, allí tocaba la guitarra a mi madre por la mañana, que la subía en el mostrador, ante los trabajadores del campo que se tomaban dos botellas de aguardiente, y así se ganaba un sueldecillo extra. Yo nací en Guillena y estuve allí hasta los tres años, después nos desplazamos a Torre de la Reina donde a mi padre le dieron unas tierras del Instituto Nacional de Colonización. Desde chiquito he cantado, las Navidades eran sonadas en mi familia, mis cinco hermanos siempre han cantado, pero nunca se dedicaron al cante.

-Álvaro: ¿A qué edad fuiste consciente de que querías cantar?

-Marcelo: Tendría 12 o 13 años. Una noche de Reyes, en Sevilla, fui a la Alameda de Hércules - donde se juntaban Pastora, el Pinto...-, con, el que después fue, mi cuñado, Pepe, y pasamos por la Casa de Paco El Bizco y vimos que había cante. Allí estaban, entre otros, Antonio El Sevillano y Manolo Fregenal. Pepe me dijo que cantase un fandango, y canté - entonces yo tenía la voz más fina y con más velocidad- uno del Sevillano, que por cierto no me di cuenta que estaba allí.  Cuando terminé se me acercó, me pidió que lo cantara otra vez y me preguntó que dónde vivía. A los dos días Antonio El Sevillano[3] se presentó en mi casa en un mercedes de esos de los antiguos y habló con mi padre. Y empecé a cantar en las primeras fiestas. Recuerdo cuando llegué a mi casa de madrugá tras una de ellas, en un bar del centro de Sevilla, y le entregué a mi madre, que muy irritada me cogió de las orejas, los primeros cuarenta duros que me dio un jugador del Betis que se llamaba Valderas, todo un dineral en aquella época.  Entonces, a partir de ahí El Sevillano quiso llevarme Madrid y se lo dijo a mi padre, pero mi padre no me dejó, quería que siguiese trabajando con él en el campo.  Me hubiese hecho mucha ilusión irme, pero no pudo ser. No obstante, a partir de ahí ya empecé a adquirir conciencia de esto, y comencé el mundo de los concursos para darme a conocer a las grandes masas.

-Álvaro: Tu eres un cantaor de la escuela de Antonio Mairena. ¿Cuándo te acercaste a su cante?

-Marcelo: Recuerdo una vez que mi hermano mayor me llevó al Bar Jamone, en el Viso del Alcor. Allí estaba Antonio, y mi hermano me pidió que cantase un poquito por soleá. Entonces Antonio me dijo: “oye, tú te agarras, tienes tono, tú tienes algo ahí”. Entonces empecé a coincidir con él en más sitios, en reuniones, con la Fernanda, la Bernarda, Manolito Angustias, Manolito María[4]..., y me pedía cantar, y le cantaba con el Poeta de Alcalá un poquito por soleá. Antonio siempre me miró bien. Luego tuve la suerte de vivir muchos años en Sevilla, veintidós, y llevaba a Antonio algunas veces en mi coche a reuniones. Mientras conducía me iba cantando to el camino por soleá y seguiriya, y yo le metía la segunda al coche pa echar más tiempo, disfrutar y aprender. Íbamos a muchos sitios. También a su casa fui muchas veces y mantuve relación con todos sus hermanos: con Manuel, Curro, que pa mí era como un segundo Manuel Torre con un duende increíble, Ángeles y Rosario. Con Manuel estuve veintitantos años en Sevilla cantando saetas a todas las imágenes.

-Álvaro: ¿Cómo trataba Antonio a la gente que llevaba alrededor?

-Marcelo: A mí me trató siempre estupendamente, me llamaba siempre sobrino. Era un hombre muy generoso con su gente.

-Álvaro: De Mairena, no se si estarás de acuerdo conmigo, hay que diferenciar sus dos facetas, el cantaor, que ha sido, sin duda, uno de los más grandes, y el flamencólogo. ¿No crees que el Mairena cantaor, más que recuperar cantes - en defensa de esa supuesta tradición cantaora gitana bajo/andaluza de hace siglos - lo que hizo fue crearlos?

-Marcelo: Por supuesto, yo creo que fue así. Ni El Fillo, ni Paco la Luz, Frasco El Colorao, Francisco La Perla, El Viejo la Isla[5]...han dejado nada. Pasa lo mismo que con los cantes de la Trini en Málaga, esos cantes no se conocen, esos cantes los conocemos gracias a Paca Aguilera, que era una cantaora distinta. Antonio Mairena nunca se atribuía ningún cante. Por eje, en su último disco del El calor de mis recuerdos grabó la soleá del Chamarusco, pero ¿quién era esa persona? Él hablaba de que era un señor que se encontró en una venta..., pero eso no es serio. Esa soleá ya la grabó Pepe el de la Matrona. También me hablaba mucho de Tomás El Nitri (en cambio nunca me habló de Silverio[6], algo que le referí en alguna ocasión, ya que me daba mucho coraje), de su historia, que si era un gitano del Puerto que se vino a Sevilla a buscarse la vida, de la entrega de la Llave de Oro por cantar una seguiriya en una reunión, la cual se la dio un ricachón de Marchena..., pero to eso son bulos que no me los acabo de creer. En Mairena hay mucha fábula que dejó escrita en su famoso libro Mundo y Formas del Cante Flamenco, algo a lo que le ayudó mucho tu paisano Ricardo Molina Tenor, que era el intelectual, el que le guiaba, el que le decía “tú escribe esto, escribe lo otro”, creando una corriente que no se la puedo aceptar al cien por cien.

-Álvaro: Cambiando de tercio. Hoy te encuentras en Puente Genil...

-Marcelo: Y estoy mu contento de estar en este pueblo, un pueblo al que he venerado siempre. Un pueblo que aparte del gran Fosforito tiene un colectivo de flamencos (Frasquito, el Churrero, don Antonio Centenera, Julián Estrada...) muy grande. Puente Genil es muy flamenco, siempre lo ha sido, y ya sabes que donde hubo candela rescoldo queda... Además, no todos los pueblos tienen la suerte de tener a uno de los más grandes como Fosforito.

- Álvaro: ¿Qué destacas de Fosforito como cantaor?

-Marcelo: La entrega total, los conocimientos a raudales, la comunicación directa... Es un cantaor caliente, embriagador, que te conmueve desde el segundo tercio.

-Álvaro: ¿Mantuvo Fosforito una rivalidad con Antonio Mairena?

-Marcelo: Antonio Mairena solo tenía rivalidad con los que cantaban bien, y sabía que en Fosforito tenía a un gran contrincante, por lo que es normal que la tuviesen, pero con mucho respeto[7].

-Álvaro: De Frasquito qué me dices, que estás aquí hoy en su casa.

-Marcelo:  He tenido la suerte de competir con él, una vez en Málaga en un concurso, y me ganó, y bien ganao, a bocajarro. Yo lo he admirado siempre, porque ha tenido una forma de cantar autóctona de aquí, de Puente Genil. Los cantes de esta zona los ha bordao. (CONTINUARÁ...)
                                                                                                                


        



[1] Antonio Cruz García Antonio Mairena (Mairena del Alcor, 1912 – Sevilla, 1983) es uno de los más grandes cantaores de la historia del arte flamenco. Ganador de la Llave de Oro del Cante en 1962, escribió, junto al poeta pontanés Ricardo Molina Tenor, Mundo y Formas de Cante Flamenco, obra que inauguró el Mairenismo, corriente ideológica con el objetivo básico de recuperar el denominado Cante Gitano Andaluz. Antonio Mairena dejó un legado discográfico imprescindible para el conocimiento de las formas flamencas, sobre todo de los cantes por soleá y por seguiriya.
[2] Manuel de Soto Loreto Manuel Torre (Jerez, 1878 – Sevilla, 1933), es una de las grandes leyendas del cante. Creó una nueva forma de interpretar lo jondo, imprescindible para entender el cante flamenco. Su estética, basada en la inspiración puntual, jondura, rajo y duende, tuvo como contrapunto estilístico a la del también jerezano don Antonio Chacón, esta última más refinada desde el punto de vista musical.
[3] De Antonio Pérez Guerrero Antonio El Sevillano (Sevilla, 1909 – Alcalá de Guadaira, 1989), aunque cultivó un amplio repertorio, se recuerda sus fandangos, de los que fue un extraordinario intérprete. Fandangos que forman parte del repertorio habitual de los cantaores actuales. 
[4] Todos estos cantaores son protagonistas de la estética cantaora gitana que Antonio Mairena impuso a partir de la década de los 60 del pasado siglo.
[5] Antonio Mairena grabó los supuestos cantes de estos cantaores bajo/andaluces, formas musicales desconocidas por aquel entonces. Para algunos, Antonio Mairena recuperó, tras un proceso de recreación, estos cantes como una manera de poner en valor la secular, y perdida, tradición cantaora gitana de Andalucía; para otros, Antonio Mairena se inventó, es decir, creó, estos cantes. Personalmente, considero que creó más que recuperó. Fuese como fuese, se trata de un legado sonoro impresionante e imprescindible.
[6] Silverio Franconetti, cantaor no gitano del siglo XIX, es considerado uno de los grandes creadores del cante de la época de Los Cafés Cantantes (segunda mitad SXIX). Establecimientos que, en mi opinión, contribuyeron, decisivamente, a la diversificación y enriquecimiento de las formas flamencas.  
[7] Esto me lo corroboró el mismo Fosforito en una ocasión. La relación siempre fue de respeto y admiración mutua.


lunes, 19 de noviembre de 2018

UNA PROPUESTA DE GESTIÓN DEL FLAMENCO DE PUENTE GENIL



Año de elecciones, y por consiguiente dominado por las habituales promesas electorales de las fuerzas políticas de nuestra localidad que el próximo mes de mayo concurrirán para ocupar la alcaldía. El flamenco, sin lugar a dudas, no quedará al margen; en los diferentes programas electorales que se irán publicitando en los próximos meses aparecerán recogidas medidas para gestionarlo.  El flamenco es una de las señas de identidad de Puente Genil, por lo que nuestros responsables municipales tienen la obligación de gestionarlo y cultivarlo, junto a las peñas y demás asociaciones. En general, la gestión pública del arte flamenco, en Andalucía, a través de la tan discutida subvención, es, por mucho que algunos se empeñen en lo contrario, absolutamente necesaria. El arte flamenco carece de la capacidad para autofinanciarse.   Una gestión que, como he señalado en otras ocasiones, para que sea útil debe de estar articulada desde los principios de la responsabilidad, el conocimiento y la igualdad de oportunidades. Todo lo que se desarrolle ignorando estas premisas quedará en un burdo intento de gestión, con el consiguiente e inútil derroche de recursos del erario público, que es, no lo olvidemos, de todos.

Ante este panorama me vais a permitir, queridos lectores, el atrevimiento de ofrecer, en términos muy generales, una propuesta de gestión del flamenco de Puente Genil.  Una propuesta emanada, exclusivamente, de mi mayor o menor experiencia jonda y afición al flamenco, con la que no pretendo, Dios me libre, sentar cátedra, sino únicamente brindar un punto de vista más. Una propuesta que debe de nuclearse en torno a una condición irrenunciable:  el responsable directo del gestión debe conocer adecuadamente, de manera directa o indirecta (a través de colaboradores expertos), la materia o la población a la que va destinada.  En el caso que nos ocupa, conocer lo más ampliamente posible el arte musical del flamenco y su mundo, la idiosincrasia flamenca de Puente Genil y su afición.

Puente Genil es un pueblo cuya tradición flamenca tiene más de cien años, enhebrada por una extensa lista de artistas con el punto álgido de don Antonio Fernández Díaz Fosforito. Asimismo, organiza cada año una de las citas más señeras del flamenco veraniego, nuestro Festival de Cante, por el que han pasado, en los últimos cincuenta y dos años, los artistas más preclaros del cante, toque y baile. En cuanto a su afición, como ocurre en todos sitios, es minoritaria, diversa, mas muy pasional en sus gustos e ideologías. Una afición, y en esto quizás nos diferenciamos con la de otras poblaciones flamencas similares a la nuestra, de escaso nivel asociativo, que no se encuentra integrada en una asociación fuerte que la potencie.

Bien, desde este punto de partida, lanzo las siguiente línea de mi propuesta:

-En primer lugar, lo de menos es la delegación municipal responsable de la gestión, si desde Cultura, Festejos o desde una concejalía creada ex profeso. Lo sustancial es la calidad y consistencia de la gestión, basada en una programación anual muy clara y con unos objetivos definidos.

-En segundo lugar, la afición debe de participar, de manera real y visible, en dicha programación. En Puente Genil tenemos dos peñas flamencas con las que se ha de contar para el diseño de la misma, con la creación de una comisión o similar integrada además por otras asociaciones con inquietudes flamencas como, por eje, algunos cuarteles de Semana Santa y academias de baile. Es vital que la afición se sienta partícipe directa del flamenco de su pueblo, es una manera de atraerla y comprometerla para que acuda con ilusión a las actividades que se desarrollen. Otra forma muy oportuna para conseguir esta participación, es organizar en la sede de dichas asociaciones algunas de las actividades (talleres, charlas, recitales...) programadas desde la institución municipal. Y, por supuesto, se debe de ayudar, bien a través de subvenciones o convenios de colaboración, a las peñas. Solo tenemos dos, y además con ENORMES DIFICULTADES para pervivir, debido, entre otros factores, a la particularidad asociativa de nuestro pueblo que gira en torno a la Semana Santa. Puente Genil no puede quedarse sin peñas flamencas.

-En tercer lugar, los recursos económicos que cada año se invierten deben de temporalizarse a lo largo del mismo y no centrarse exclusivamente en uno o dos eventos. Entiendo que hay suficiente potencial económico para, sin bajar el nivel de calidad de los proyectos más importantes (Festival y Membrillo), diseñar otras actividades que cultiven lo jondo desde diversas y variopintas perspectivas muy interesantes.  NO se trataría de aumentar la inversión que se está efectuando en los últimos años, sino de DISTRIBUIRLA de otra manera.

-En cuarto lugar, las actividades. Además del Festival de Cante Grande o el Membrillo, se debe de aspirar a la realización de otras actividades que, además de procurar el disfrute del aficionado, cultiven el conocimiento y la formación. Charlas didácticas, talleres, cursos, presentación de libros o jornadas de convivencia que, si se diseñan bien, con tiempo suficiente y con el mayor nivel de participación posible, contribuirán al fomento de la cultura flamenca.  Actividades que deben de publicitarse adecuadamente, con insistencia e imaginación, a través de los medios de comunicación, tanto los tradicionales como, sobre todo, las potentes redes sociales. Muy oportuno sería el diseño de actividades didácticas dirigidas a los más jóvenes, comprometiendo a colegios e institutos. Actividades en las que nuestros niños, a través de una metodología atrayente desarrollada por especialistas con una preparación flamenca y pedagógica muy concreta, perciban y vivan la música flamenca de una manera amena y divertida. Asimismo, con la colaboración de los centros educativos de nuestro pueblo, se debería de idear la forma para que nuestros niños conozcan la tradición flamenca pontana. Es realmente alucinante, por eje, que nuestros jóvenes terminen la Educación Secundaria Obligatoria conociendo a Mozart y algunas de sus obras, y no sepan quién es Fosforito ni qué es un zángano.

-En quinto lugar, la puesta en valor de nuestra tradición flamenca. Puente Genil posee la suficiente, en cantidad y calidad, historia flamenca para divulgarla. Deberíamos de recoger y ordenar toda nuestra tradición flamenca - grabaciones, bibliografía, datos diversos...-, para, a través de una institución, como por eje una fundación, investigarla y enseñarla. Fundación que, además, debería de aspirar a convertirse en el centro referencial de investigación flamenca de la comarca. Tenemos material humano suficiente para tal cometido, además de infraestructura como la Sala Museo Fosforito. Evidentemente este proyecto, una vez iniciado, tendría un recorrido de medio o largo plazo.

-En sexto lugar, nuestros artistas. En Puente Genil disfrutamos de los suficientes artistas en las tres vertientes - cante, toque y baile - para aprovecharlos, dándoles protagonismo en las diferentes actividades, más allá de la de nuestro festival de cante. Nuestros artistas deben de tener su lugar.

-Y en sexto lugar, el Membrillo de Oro y el Festival de Cante Grande Fosforito. Con relación al Membrillo, concurso definitivamente asentado tras seis años, ha llegado el momento de situarlo en otro nivel. Un nivel fundamentado en una nueva propuesta y diseño de los premios, en una mejora de la cuantía de los mismos y de las condiciones de los concursantes y miembros del jurado y con una potente campaña de publicidad. Un concurso que debe de tener un responsable directo con conocimiento del mundo del flamenco y experiencia en el ámbito de la gestión. Y con respecto a nuestro Festival de Cante, si bien lo prioritario, qué duda cabe, es mantener su acostumbrado nivel de calidad, se podría ir estudiando, como está ocurriendo con otros festivales de entidad, un formato distinto y actualizado más acorde a las nuevas demandas y maneras de vivir y disfrutar lo jondo.  No obstante, de continuar apostándose exclusivamente por el formato tradicional, éste debe de articularse a partir de las siguientes pautas: criterios muy claros para la elaboración del cartel, compartidos con la afición y manteniendo al margen a la empresa contratadora; cierre del cartel con varios meses de antelación;  un número prudente de artistas (no más de cuatro o cinco cantaores más el baile); realización de actividades durante los días previos; logística de calidad, con especial atención a la megafonía; máxima escrupulosidad en el horario de comienzo y de prueba de sonido; y una adecuada campaña de publicidad durante los meses previos.

Termino insistiendo con la financiación:  todo lo aquí apuntado no precisa de más recursos económicos. Con lo mismo que se ha invertido en estos últimos años se puede perfectamente llevar a cabo.

                                                                                                 SALUDOS FLAMENCOS

                                                                                                 Álvaro de la Fuente Espejo
        

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viernes, 10 de agosto de 2018


    ROCÍO LUNA ANTE SU PRIMERA GRAN CITA FLAMENCA

Rocío recogiendo el premio como ganadora del Membrillo de Oro
                                      
“Esto se acaba” o “se lo están cargando con experimentos alejados de la esencia”, son dos paradigmáticas sentencias del tradicional pesimismo antropológico que siempre se ha dado en esto de lo jondo desde hace más de un siglo. Más modernamente, en cambio, cierto sector de aficionados, intelectuales y empresas interesadas, en las redes sociales y demás medios de comunicación - algunos de enorme relevancia - llevan meses fusilándonos, inmisericordemente,  a los sencillos aficionados con otras soflamas  como  “a la juventud ya no le gusta el cante, se ha queao desfasao”, “es necesario crear nuevas formas flamencas para atraer a la juventud”, “la juventud ve el cante como algo retrogrado, y hay que cambiarlo de arriba abajo - sobre todo el dichoso canon Mairena - pa que no desaparezca”. Es decir, algunos continúan con el tradicional pesimismo antropológico, mas ahora – he aquí la novedad - revistiéndolo con un supuesto modernismo intelectualizado que nos avisa, urgentemente, de que tooooodo el edificio jondo hay que derribarlo sin compasión alguna, para construir uno nuevo con unos novedosos elementos musicales que son los que lo van a perpetuar para la eternidad.
Bien, pues hallándonos unos cuantos locos de esto en las redes - Miguel Ángel, Chemi, Rocío, Manolo, Andrés, Villarejo, Antonio, etc., y un servidor -, durante meses, debatiendo sobre este nuevo pesimismo, desgranando hasta el más mínimo detalle los elementos musicales de las Rosalías o Niños de Elches, hace un mes, una jovencísima cantaora - veinte primaveras le alumbran - gana el Concurso Membrillo de Oro de Puente Genil, que le habilita, directamente, a actuar en una de las plazas mas exigentes y veneradas del verano flamenco: el Festival de Cante Grande Fosforito.

Y es aquí que muchos hemos dirigido la vista a ella - un servidor ya la conocía de hace unos años –, y todavía no hemos parado de reírnos de las anteriores soflamas modernistas.  El arte flamenco es un cante, baile y toque, nadie lo olvide, clásico, por lo que jamás de los jamases, por mucho que se empeñen, desaparecerá. Cierto que, como apunta Chemi - uno de los chiflados mencionados antes -, es una música descontextualizada al surgir por unas condiciones históricas y sociales muy concretas y sensibles, mas ¿a qué fenómeno musical de origen popular que se precie no le pasa lo mismo?, ¿acaso el blues va a desaparecer o ha dejado de gustar porque ya no existen esclavos negros en Norteamérica? Lo que, en mi opinión, hay que hacer, dado el enorme edificio musical jondo ya construido, combinando, de todas las formas posibles y hasta la extenuación, los diferentes elementos musicales (tonales, armónicos, melódicos, rítmicos) para dar nacimiento a los diferentes cantes, es cantarlo e interpretarlo cada vez mejor; evidentemente, cómo no, utilizando aquellos nuevos y actualizados recursos que merezcan la pena, mas interpretando lo de siempre. ¿Alguien, realmente, puede pensar que, por eje, ante la ingente cantidad de soleares o seguiriyas, con sus respectivas variantes de las variantes de las variantes, con crearse una o varias nuevas vamos a salvar a la música jonda de su extinción, atrayendo a miles o millones de aficionados jóvenes...? Insisto, lo que hay que hacer es cantar lo que ya tenemos - no existe, ni de lejos, una música de origen popular con una variedad estilística similar a la del flamenco – cada vez mejor y punto. Y es aquí, queridos amigos, donde entra la joven - podría señalaros otros tantos que no voy a nombrar pa no restarle protagonismo - Rocío Crespillo Luna ROCÍO LUNA, natural de la Cañada de Rabadán, aldea del municipio cordobés de Fuente Palmera. Escuchar y observar a Rocío sobre un escenario, a sus veinte añicos, es una gozada, apto para las sensibilidades flamencas más exigentes. Su dulzura, no exenta de jonda expresividad directa y clara, el conocimiento que poco a poco nos va regalando - le queda aún, algo normal,  un largo trayecto -   sobre las formas flamencas y el dominio insultante que ejerce sobre los parámetros musicales (afinación, compás, dicción, cambios de intensidad), no puede más que eliminar, de un plumazo, todos, como apuntaba al comienzo, estos falsos debates  a los que de un tiempo a esta parte nos hemos visto, irremediablemente, abocados, dejando – dicho sin ánimo de acritud - en evidencia  a aquellos personajes que nos quieren tomar a los aficionados por lerdos, escasos de sensibilidad artística y de nula intelectualidad musical. Gracias Rocío por existir y cantar tan bien. Nos vemos, Dios mediante, el próximo martes en mi pueblo ante tu primera gran cita flamenca. Abrazos mil de un aficionao.  
                                                                                               SALUDOS FLAMENCOS.
                                                                                       ÁLVARO DE LA FUENTE ESPEJO



ANEXOS:

-Maravillosa entrevista en la que Rocío demuestra gran sensatez y madurez: https://www.fuentepalmerainformacion.es/cultura/item/1242-rocio-luna-ahora-siento-mas-dentro-de-mi-el-flamenco

-El maestro Andrés Raya nos deja una extraordinaria reflexión sobre Rocío: http://memoriaflamenca.blogspot.com/

miércoles, 8 de agosto de 2018


     
     
     LA PUENTE SE PREPARA PARA SU GRAN CITA FLAMENCA



Puente Genil, un año más, se prepara para vivir una nueva edición, concretamente su nada más y nada menos que quincuagésima segunda, de su Festival de Cante Grande en honor a uno de los cantaores más importantes e influyentes de la historia del flamenco: don Antonio Fernández Díaz Fosforito. A pesar de no existir en Puente Genil, desde el punto de vista de la afición, una actividad y movilización flamenca tan intensa como las de otras poblaciones como Mairena o Jerez, sí que, tanto su administración local como sus aficionados responden con claro compromiso a esta cita anual, vivida en la localidad como un auténtico acontecimiento social. 

Julián Estrada
Una cita que conserva su formato tradicional: aquél que surgió a mediados del siglo pasado para ofrecer, en las calurosas y largas noches veraniegas de nuestra Andalucía, el arte flamenco de una manera familiar, amable y participativa, intentado convocar a la mayor cantidad de publico posible. Un formato al que un servidor introduciría algunas modificaciones para hacerlo más actual, diverso, rico y atrayente - algo que ya se está haciendo con notable éxito en algunas poblaciones flamencas - con el diseño, en los días previos, de una serie de actividades tales como: charlas, talleres didácticos, exposiciones, etc., manteniéndose, por supuesto, una noche de cante, aunque más corta y menos intensa. No obstante, el formato actual funciona perfectamente en Puente Genil, comprobándose cada catorce de agosto con la asistencia de un numeroso e ilusionado público, tanto local como del resto de la comarca, protagonista de un extraordinario comportamiento y respeto hacia el arte ofrecido por los artistas.

Rocío Luna
Por nuestro festival ha pasado lo más granado del flamenco de los últimos cincuenta y dos años en su triple vertiente: cante, toque y baile, velando, siempre, por ofrecer el flamenco más genuino, sin cerrar las puertas a las diferentes maneras, todas ellas FLAMENCAS, de expresarlo y sentirlo. No ha sido, por regla general (como en todo suele haber alguna excepción: recuerdo hace unos años la presencia de Niña Pastori...), un festival que haya dado púlpito a propuestas musicales no flamencas, por muy beneficiosas que fuesen para la taquilla. Asimismo, esta cita flamenca ha contado siempre con el denodado apoyo de todos los ayuntamientos que hemos tenido, independientemente de su color político, y, por supuesto, del actual.  Unas veces, como todo en esta vida, se han hecho las cosas mejor y otras peor - publicidad, megafonía, participación de las peñas... -, mas siempre nuestros gestores políticos han puesto en valor este evento, con un encomiable esfuerzo económico, algo de agradecer. Este año, por eje, se ha vuelto a contar con las peñas para la configuración del cartel, gesto con el que nos congratulamos enormemente, ya que los aficionados, que son los que a lo largo del año mantienen, con increíbles dificultades, encendida la llama del cante, deben sentirse útiles en la organización de los grandes eventos flamencos de su pueblo. 

Pedro El Granaíno
Como aspecto a mejorar, por lo menos en este año, está la publicidad del festival. En mi opinión, el cartel se ha presentado demasiado tarde - a tres semanas vistas - impidiéndose una adecuada campaña de publicidad del festival. Creo, y lo digo con ánimo constructivo y ajeno a polémicas, que nuestro festival, por tradición y calidad, se merece un mayor tiempo de publicitación, que se esté hablando del mismo, y por tanto del flamenco de Puente Genil, durante meses en los diferentes circuitos y foros diseñados para ello. Actuación que solo nos proporcionaría beneficios.

En cuanto a aspectos logísticos de suma importancia como la megafonía o el recinto, en los últimos años se ha contado con un equipo de sonido, y técnicos, de calidad, ofreciendo un resultado excelente, acertándose, ya desde el año pasado, con el traslado del festival, tras un par de años desarrollándose, con resultado aciago, en el recinto de la Feria Real, a un lugar alejado del mismo, consiguiéndose las adecuadas condiciones sonoras.  Debemos evitar, para siempre, imágenes, por eje de hace unos años, de la de todo un José Mercé quejándose, amargamente, en camerinos ante los medios de comunicación de los ruidosos cacharritos de la feria.


Rafael del Pino Keko
Con relación al elenco de artistas, a priori, un acierto. Muy positivo me parece que, con relación al año pasado, se haya eliminado a un artista - un festival de más de cuatro o cinco cantaores se me hace, con perdón, insufrible – y se cuente con el ganador del concurso de cante Membrillo de Oro, como señal inequívoca de una apuesta por la juventud flamenca, mas de la que merece la pena, no de ésa que, en la actualidad, algunos nos quieren meter con calzador. En este caso, será la jovencísima Rocío Luna, que, estoy seguro, demostrará su calidad y sensibilidad flamenca, contentando a la exigente afición pontana. Un año más disfrutaremos de un cantaor local:  Julián Estrada, un artista plenamente consolidado como figura y adorado por la afición de Puente Genil, cuya concepción flamenca y puesta en escena (personalidad, suficiencia vocal y musicalidad) gustan muchísimo en este tipo de espectáculos, como demuestra todos los veranos en los más diversos lugares de nuestra geografía. 

La Macanita
Gozaremos con un cantaor que nunca ha estado en Puente Genil y que, sin lugar a dudas, es una figura del flamenco actual: el cantaor, sevillano de adopción, Pedro El Granaíno, que gustará por su voz rebosante de matices y su cante muy influenciado por el genio Camarón, con algunas referencias, entre otros, al gran Tomás. Cómo no, gozaremos del cante jerezano, sin aditamentos y directo de todo un clásico:  La Macanita. Y como colofón, del arte de un auténtico MAESTRO: el cordobés El Pele, del que sobran las palabras. El cartel se completa con: el baile del cordobés Rafael del Pino Keko y su grupo; un extraordinario elenco de guitarristas (Niño Seve, Antonio Higuero, Manuel Silveria, Jesús Zarrias, Patrocinio Hijo y Ángel Mata) de variopintas tendencias y maneras, a cuál mejor; y un nutrido puñado de palmeros destacando los jóvenes pontanenses Álvaro y Fernando Gamero, cada vez más solicitados en estas lides. Por cierto, no me olvido del magnífico diseño del cartel del pontano Mario Quero Delgado, que simboliza fenomenalmente la figura del recordado cantaor pontanés Manuel Jiménez Rejano, este año, ¡por fin!, homenajeado merecidamente a título póstumo.

El Pele
En definitiva, una cita flamenca ineludible en esta época estival para disfrutar del buen cante jondo, que, aunque con algunas variaciones, conserva ese romántico sabor de antaño que tanto recuerdan muchos aficionados. Ahora quizás se desarrolla, como todos, en un ambiente más frío y con todo exhaustivamente controlado, mas sin duda se ha mejorado en profesionalidad y organización en pro de la dignificación de esta maravillosa música. Nos vemos en La Puente.  




                                                                                SALUDOS FLAMENCOS

                                                                              Álvaro de la Fuente Espejo





martes, 1 de mayo de 2018


JIMÉNEZ REJANO: UN CANTAOR DEL PUEBLO

(Artículo publicado en El Pontón hace unos años, con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento)



             “A ellos yo les daría
            el jornal de una semana
            pa que comieran tres días
            a ver como se apañaban”.

Esta letra habitual en el desgarrador repertorio de Manuel está, desgraciadamente,  de plena actualidad en nuestro pueblo por  el triste e injusto  trato que   los trabajadores de la señera y muy querida empresa de Panrico están padeciendo por parte de sus responsables. Y la traigo a colación para explicar, más allá de  cuestiones artísticas,  el verdadero talante con el que nuestro recordado paisano  Manuel Jiménez Rejano se enfrentaba a este noble arte del flamenco. Un cantaor del pueblo  que sabía transmitir como pocos el sentir de éste en aquellos aspectos más elementales de la vida: el trabajo, la subsistencia y la dignidad. El arte no es más que la utilización de unos recursos técnicos-literarios, musicales, pictóricos…-para expresar el mundo interior y la verdad del artista. Una verdad y mundo interior de múltiples y diversas aristas  que cada artista enfoca acorde a su experiencia vital.  Y  la experiencia vital de Manuel siempre estuvo ligada, emocionalmente, a su Puente Genil y a las complejas condiciones sociopolíticas en las que se crió.

El próximo año se cumple el veinticinco aniversario de la muerte de Jiménez Rejano. Un buen cantaor  de Puente Genil que, como muchos de sus coetáneos, en plena juventud tuvo que ausentarse, tal y como hoy les está ocurriendo a muchos jóvenes pontanenses, de su tierra para encontrar un futuro mejor. Y creemos que, para cerrar el ciclo de reconocimientos a este cantaor,  su pueblo, a nivel institucional, le debe el máximo reconocimiento que, desde el punto de vista flamenco, otorga cada año: la dedicatoria, en este caso a título póstumo,  de nuestro Festival de Cante Grande “Fosforito”.  De bien nacidos es ser bien agradecidos, y Puente Genil tiene que ser consciente de la gran labor que este cantaor desarrolló allende nuestras fronteras, concretamente, por mal que le pese a algunos, en la flamenquísima tierra de Cataluña, en pro de la divulgación del arte flamenco y de paso convirtiéndose en el mejor embajador de nuestro pueblo. Desde que este verano naciese  en las redes sociales la iniciativa de dedicar nuestro festival de cante a Manuel,   me he empeñado  en conocer más y mejor la trayectoria de este ilustre pontanés, dándome cuenta, fundamentalmente por conversaciones con importantes flamencos catalanes, del gran predicamento  que nuestro querido Manuel continúa  conservando en los mentideros  flamencos catalanes, siendo considerado-ojo a los aficionados pontanos más jóvenes-  el pionero más importante de la implantación de la semilla flamenca en aquellas tierras y, por tanto, uno de los responsables de la germinación allí del frondoso árbol del flamenco. Quién sabe si hoy figuras  consagradas como Maite Martín o Miguel Poveda no serían una realidad sin la labor de nuestro Manuel…

En cuanto a sus cualidades y calidades cantaoras qué duda cabe que Manuel fue un buen cantaor. Un cantaor largo que, a pesar de morir a los cuarenta años de edad, dejó once grabaciones discográficas y su participación, junto con otros  renombrados artistas, en otras seis. Con una voz aguda, flexible  pero  a la vez rajá y partía, cuentan los que tuvieron la dicha de escucharle en directo en múltiples ocasiones  que desde el primer momento llegaba al aficionado, entablando con el mismo el imprescindible diálogo afectivo para el nacimiento del buen cante flamenco. Además Manuel, en los años 60 del pasado siglo, fue otro de los pioneros en el proceso de apertura del arte flamenco a nuevas formas expresivas con la utilización de los incipientes recursos musicales del momento ofrecidos por las casas discográficas. Una labor que, en general,  los aficionados le reconocemos únicamente a, por eje, artistas como Camarón, pero en la que Manuel fue un destacado artífice.

Algunos aducirán  que Manuel Jiménez Rejano  a raíz de su  repentina muerte en 1989 ya obtuvo los suficientes reconocimientos, como ese magnífico festival que se le dedicó en el antiguo campo de deportes Jesús Nazareno en mayo de 1990 participando artistas de la talla de “Fosforito”, José Menese, Luis de Córdoba, “El Cabrero”, Diego Clavel, José el de la Tomasa, José Mercé, Chano Lovato, Naranjito de Triana, Calixto Sánchez, Paco Toronjo, Aurora Vargas, José Galán, Manolo Silveria, Paco el del Gastor, Pedro Bacán, José Luis Postigo, Manolo Franco, y Quique Paredes.  Y es verdad, pero todos ellos nacieron, según me cuentan  protagonistas de aquella época, de un sector de  aficionados  nucleados, fundamentalmente,  en la incombustible Peña Flamenca de Frasquito, quedándose un tanto al lado, aunque evidentemente participando, el ámbito institucional de nuestro pueblo. Sí que es cierto que el Ilustre Ayuntamiento de Puente Genil rotuló una de sus calles con su nombre  y  le concedió, el 5 de abril de 1990, a título póstumo, el Membrillo de Oro. Pero insistimos, el máximo reconocimiento flamenco que Puente Genil otorga cada año debe, en mi humilde opinión, recaer también en  sus hijos flamencos más ilustres. Y qué duda cabe que Manuel lo fue.  Hace unos años se le concedió a  José Bedmar “El Seco”;  posiblemente de aquí a no mucho debamos  de pensar en nuestro entrañable Frasquito, ¿por qué no ahora  a Manuel? Como reconoció el maestro “Fosforito” hace unos días en una entrevista, de la que daremos cumplida información en el próximo número,  que le hice, Manuel “fue un buen cantaor, un cantaor del pueblo, y al pueblo corresponde reconocer y homenajear  a sus cantaores”. Que así sea.

  SALUDOS FLAMENCOS.